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Little India

Little India

Si hay una gastronomía alrededor del mundo con una mística profunda, es la comida de la India. Su historia es bastante especial y se traduce a siglos de influencias y colonizaciones que, a la vez, le aportaron un toque único y particular. Todas estas diversas culturas culinarias la han enriquecido, siempre aprovechando el producto local, sus costumbres y la riqueza de su tierra.

Por ejemplo, sabemos que las especias son el gran aporte de su gastronomía al mundo, pero no hay que olvidar la abundante utilización de verduras o frutos y la gran influencia religiosa que encausó al uso de distintas carnes en su día a día; siempre excluyendo la carne de res, ya que las vacas son sagradas y respetadas en este rincón multicultural y enigmático del continente asiático.

Por eso, cuando me contaron que el #FoodieClubGT de Mister Menú tendría la oportunidad de probar legítima comida de la India en Little Indiaeste nuevo restaurante que propone una abundante selección de platillos espectaculares y un ambiente íntimo para compartir desde entradas deliciosas, platos fuertes emblemáticos y postres reconocibles al paladar– había mucha emoción en el ambiente. No fue para menos. La experiencia estuvo espectacular.

Restaurante Little India Z.10

Además, para sorpresa y emoción de todos, esta comida estuvo maridada con las cuatro cervezas belgas de AMBEV –Stella Artois, Hoegaarden, Leffe Blonde y Leffe Brune–, que son mis favoritas al hablar de maridajes y exploración del gusto y el olfato. Imaginen, unir una comida con mucha historia junto a cervezas con más de seis siglos de existir.

¿Pero qué significaba todo esto? Pues el reto era bastante atrevido y muy poco experimentado en una mesa llena de paladares inquietos y contemplativos.

Significaba traer toda la mística especiada de la comida de Little India –que en origen es compleja y hasta trascendental por su diversidad– y, fusionarla como nunca antes había pasado con los impresionantes sabores de estas cuatro cervezas que resumen la magia de siglos de historia de las cervezas de Bélgica.

Mi primer reto para el maridaje fue enumerar y explorar los ingredientes de la cena. Al respecto (como paréntesis), los invito a que vayan a Little India a explorar su delicioso menú, ya que en Guatemala son reducidas las opciones para disfrutar comida auténtica de la India y en este pequeño lugar uno encuentra múltiples platos de varias regiones que lo convierten en un restaurante imprescindible.

Después de explorar los ingredientes de cada plato, tocó decidir si el maridaje sería “por complemento” o “por contraste” –que son los dos tipos de maridajes que existen–. En el primero, por complemento, los sabores son similares sin interrumpir bruscamente la experiencia; es decir, se potencian y crean prolongaciones múltiples de sabores en el paladar. En el segundo, por contraste, pasa lo contrario. Aquí buscamos que la experiencia sea más desafiante. Es decir, que el sabor de la comida o el sabor de la bebida se enfrenten. O también, que uno de ellos prevalezca independientemente, pero siempre logrando una armonía para no opacar al otro por completo.

Ahora bien. ¿Qué pasa cuando tenemos dos propuestas que tienen muchas especias, aromas y condimentos? ¡Pues magia! Eso pasa.

Entonces mi decisión fue incisiva, experimental y hasta extrovertida. Les propuse hacer “un maridaje abierto” sobre la mesa, en el que yo les daría guías o indicaciones de cada cerveza. Es decir, les contaría un poco de su historia, sus ingredientes, sus aromas, sus sabores, sus posibles maridajes y el tipo de cerveza.

Así, la mesa se volvería un juego para el paladar y una experiencia en la que todos nos podríamos retroalimentar gastronómicamente. Y así fue. Una velada de aprender y disfrutar la #culturafoodie, que es lo que el Foodie Club propone a sus invitados en cada ocasión.

Para esta noche, cada uno nos contó su cercanía con la comida. Fueron experiencias disímiles desde el fotógrafo monodelespacio, el amante de cerveza Mr.Barbier hasta el reconocido sumiller Paul Pinto. Una amalgama perfecta para conversar, comer delicioso y compartir mesa.

Hablar de las cuatro belgas de AMBEV siempre me ha emocionado (si quieren saber más pueden leer este artículo que hicimos hace tres años: “El tour de las belgas”). Pero acá les contaré algunos detalles de cada una que la hacen especial. Además, de cómo la experiencia con la deliciosa comida de Little India hizo un casamiento muy especial debido a la cantidad de especias y sabores escondidos.

Luego de una breve introducción a cargo de Maneesh (el manager del restaurante) y una breve descripción del menú por Dileep (el chef), nos adentramos de lleno a esta experiencia junto a Miss Menú, quien habló del Foodie Club y contó un poco sobre Mister Menú.

Las entradas para compartir llegaron de inmediato: Chicken Tikka (pollo con especias y yogur), Malai Kabab (pollo aromatizado con cardamomo), Lasooni Murgh Tikka (polo con especias indias, yogur, ajo) y unas Pakoras vegetarianas con pasta de garbanzo y especias. Para esta multiplicidad de sabores especiados y no tan profundos, les propuse empezar con una Stella Artois.

Esta Lager es bastante filtrada, pero conserva sus sabores a cereal y toques de ciruela blanca, que le aportan un ácido leve y amargor perfecto para empezar con una cena de muchos platos. Es una cerveza ligera con espuma leve y blanca que marida perfectamente con múltiples sabores, sobre todo por su levadura que se siente en boca al momento de tragar.

Luego de disfrutar estas exquisitas entradas, pasamos a los platos fuertes, con una diversidad de contrastes que maridaron excepcionalmente con la cerveza de trigo o cerveza blanca por excelencia: la Hoegaarden.

Hoegaarden, cerveza a base de trigo.

Esta Witbier doblemente fermentada nace en 1,445 cuando los monjes locales –quienes regularmente preparaban cerveza en sus monasterios– decidieron experimentar con culantro y naranja, dejando una de las recetas más espectaculares de cerveza del mundo. De entrada, su color es turbio y su sabor con cítricos y hierbas te sorprende. Tiene poco amargor, lo que le da un dulzor exquisito que maridó perfectamente –por contraste y por complemento– con los pollos especiados que nos sirvieron, los vegetales frescos pero aromatizados, el arroz con comino y el naan –este singular pan de la India hecho en horno tandoor–.

Aquí, Little India se lució con lo mejor de su menú: el clásico Chicken Tikka Masala (pollo con yogurt, ajo y especias a la parrilla), Chicken Curry (pollo con cebolla, tomate y especias), Chana Masala (garbanzos confitados con tomates, jengibre y culantro) y un mix de Vegetales con curry sazonados al mejor estilo indio. Todo esto acompañado de dos diferentes arroces y el clásico naan. Sin duda alguna, un maridaje complejo por la diversidad, pero emblemático por las múltiples sensaciones en las diferentes papilas gustativas.

Otra excelente opción para experimentar con la Leffe Blonde, la clásica de Abadía que le da un carácter más profundo por sus aromas de vainilla y malta de maíz con sabores especiados a clavo, plátano y cremosidad espesa.

Chicken Tikka Masala, Chicken Curry, Chana Masala y Vegetales con curry.

Por último, pasamos a lo siempre esperado de los #FoodieClub: el postre.

Para esta experiencia, el restaurante nos tenía preparada una sorpresa a la que muchos dijeron: «Este postre es como de la abuelita». Y en efecto, así lo fue.

Llegó servido en copas y listo para devorárselo con ganas por su frescura. Se llama Kheer, y prácticamente es un “arroz con leche”, solo que preparado con arroz basmati, leche, nueces y azafrán. Más fino, digámoslo así. Pero una delicia que maridó perfecto con la Leffe Brune, esa oscura favorita por muchos, pero que no imaginaron tomársela con postres. «¿En serio?», preguntaron algunos cuando les dije que tomaríamos cerveza con dulce. «Es maridaje perfecto», les dije antes de mostrarles cómo servir una cerveza con dos dedos de espuma –que son vitales para las cervezas tipo ale–.

Pues resulta que esta Brown ale de Abadía es perfecta para eso, para finalizar una cena y cerrarla con broche de oro. Sus toques tostados y amargos se complementan con sabores cremosos, toques de café o picos de chocolate. En este caso, la cremosidad del Kher conjugó divinamente con el espesor de su espuma, que se prolonga y prolonga hasta no acabar.

Al final, no queríamos que acabara la velada, pero terminó. Todos salimos felices y con ganas de volver a Little India para probar todo su menú. También, como vi en las caras de muchos, por ir al supermercado a comprar las cervezas belgas y fusionarlas con todo. Porque de eso se trata el maridaje: de experimentar con múltiples sabores como lo hicimos esta vez. Gracias, Mister Menú, por otra velada inolvidable.

Escrito por:
Pablo Bromo

Escritor, editor, chef y comelón. Ha publicado varios libros entre poesía, novela y cuento; también escribe para revistas culturales en Guatemala y Latinoamérica. Tiene una columna de música y una debilidad por la cerveza, el mar y los tacos. Instagram: @pablobromo

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