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Todo cocinero es una diva

Todo cocinero es una diva

Los últimos años (los últimos diez, al menos) han mostrado un cambio en la culinaria que va más allá de la técnica y la buena cocina. Se ha convertido en una competencia de popularidad, acaparamiento de medios y la idea de cocinero como equivalente a celebridad.

La creación de estatus y fama en una profesión originalmente artesanal es disruptiva por decir poco y, aunque muchos se oponen y critican la cocina actual por la popularidad vacía que ha alcanzado, por la ceguera pasional que ocasiona en cocineros mediocres, y la arrogancia generada en chefs que no se han educado para la fama; debo rescatar de todo esto que es un mal necesario.

El desarrollo de la cocina a través de las generaciones ha evolucionado por el cambio de roles preestablecidos y los distintos estilos de vida. Autores como Michael Pollan hacen planteamientos sobre el éxito de los programas de televisión como una necesidad para acercarse a la comida y cubrir una necesidad evolutiva; la adicción a este tipo de programas es más común en personas que no cocinan y este acercamiento virtual cubre la ausencia de una cocina en casa de toda la vida.

La noción que la cocina se transmite por generaciones se está convirtiendo en una ilusión o especie de leyenda urbana. Cada vez conocemos menos recetas heredadas de la abuela o de la madre y la transmisión del conocimiento culinario se ha trasladado a blogs y páginas web o video tutoriales en youtube.

Los libros clásicos de cocina son cada vez menos relevantes, el estilo de vida menos familiar limita las actividades culinarias y, la cocina como necesidad de alimentación se cubre mayormente por restaurantes o cocina personal, dejando el valor social de la cocina y la generación de conocimiento un poco olvidada.

Los cocineros se han convertido en nobleza y algunos con delirios de grandeza que piensan en el fondo que podrán cambiar el mundo o ser el sol naciente de la próxima generación. Pasas caminando cerca de algunos que apenas han entrado a la cocina y se llaman a si mismo chef mientras se les iluminan los ojos como si aquello no fuera un trabajo de servicio o como si acaso fuera una profesión por encima de otra.

El fenómeno de idolatría hacia cocineros es una respuesta a las supuestas tradiciones que comenzamos a desconocer y el papel de los medios y restaurantes famosos se está enfocando plenamente en cocina local. No se trata de promover nuestra cultura hacia un mercado extranjero, por el contrario, se trata de un arraigamiento a lo que conocemos como nuestro que no estamos valorando en la práctica, pero nos atrevemos a aplaudir como comensal.

Hemos aprendido a valorar el esfuerzo de estas celebridades porque están haciendo lo que nosotros no tenemos tiempo de hacer y estamos desplazando cocinas extranjeras para recordar la nostalgia.

La celebración de personajes con los que nos sentimos identificados, que ahora son nuestros héroes, es una burbuja que en cualquier momento puede destruirse. Esto no significa que dejarán de tener valor, por el contrario, habrán logrado su cometido.

En el momento que todos los restaurantes y comensales se hayan atrevido a elevar nuestra propia culinaria, olvidaremos a los cocineros para enfocarnos nuevamente en la cocina y la industria encontrará un choque y un cambio que podrá potenciar toda la industria que gira alrededor de ella.

Por esto creo que debemos aplaudir y reconocer al cocinero guatemalteco que está apoyando el día de hoy nuestras tradiciones, porque es aquel que permite continuar con nuestra identidad.

Sirviendo el plato de barro.

Escrito por:
André Schrei

Ávido glotón, curioso intelectual, columnista e investigador de la comida mesoamericana. Director de contenido en SoyRaices.com y creador de WunderChef.me

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