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Agrofenomenal

Agrofenomenal

Agricultura Orgánica

 

Entramos por un portal de piedra estilo colonial, estilizado como las haciendas antiguas o –al menos– como uno las imagina hoy en día. Detrás de sus grandes puertas con lustre opaco, brillaban las hojas de café de una típica hacienda cafetalera de La Antigua. No llegamos ahí para ver este cultivo tradicional, herencia de una sociedad agroexportadora. A la vuelta de los campos de café, pasando preciosos jardines y hombres trabajando la tierra, llegamos al huerto de Agrofenomenal.

Inmediatamente quedamos cautivados por la sencilla belleza de un huerto que rebosaba salud; vigorosos brotes y robustos vegetales de múltiples colores: hinojo morado, las flores amarillas del brócoli, el verde intenso de la espinaca, el canchón amarillo… desplegados en espirales, como remolinos de colores que hacen sospechar que hay una inteligencia sutil detrás de todo esto.

Ahí conocimos a Juan Carlos Orellana, su esposa Ligia Cabarrús e hijos; una encantadora familia que se movía cuidadosamente por el hermoso huerto, saludando a sus hijos vegetales, comiendo por aquí una flor, por allá una hoja de espinaca y permanentemente sonriendo. Nos contaron sobre su fascinante relación con las plantas y de cómo sus técnicas agrícolas son la metáfora de una vida saludable, tanto para las personas, como para un mundo que –sin demasiado esfuerzo, pero con mucho amor– puede vivir en armonía.

 

Viabilidad, nutrición y nada de veneno

Empezamos a platicar con Juan y, rápidamente, saltamos al punto. Él siempre ha tenido una mentalidad y curiosidad científica. Nos cuenta que es inventor y que siempre ha amado la tierra. Si no, no estaría aquí, un sábado temprano por la mañana, sonriendo en medio de su mundo verde. Juan nos relata que este huerto es el resultado de su búsqueda de tratamientos para pacientes con cáncer. “En realidad fue sentido común”, nos explica, “una planta sana se defiende a sí misma de insectos u otros organismos patógenos que la quieran atacar. Todos tenemos la capacidad de sanarnos a nosotros mismos”. Es decir, somos lo que comemos.

Zanahorias y rábanos del huerto de Agrofenomenal

Zanahorias y rábanos del huerto de Agrofenomenal

Pero no podemos dejarlo ahí; lo que comemos es un resultado de su forma de cultivo y, si usamos pesticidas que matarían a un ser humano con menos de una cucharadita, nos estamos envenenando con nuestro propio alimento… ¡no hay nada más absurdo!

Por increíble que parezca, el abundante y generoso huerto de Juan, no utiliza ningún pesticida; salvo alguna solución de hoja de papaya (de vez en cuando), para dispersar algunos bichitos. Todo el abono es orgánico y lo hace el mismo, es decir, es autosostenible.

Hoja de Espinaca

Juan nos muestra una impecabe hoja de Espinaca

Cuando Juan nos habla de viabilidad, se refiere a que un huerto no tiene que ser un trabajo intensivo o que requiera alta experiencia técnica. De hecho, él cree que es mejor si sabes menos; pues es mas fácil aprender algo nuevo, que desaprender las prácticas agrícolas predominantes, donde los agroquímicos son la piedra angular. El secreto está en enriquecer la tierra con los minerales y microorganismos necesarios para que la planta se alimente a sí misma. Si hay una plaga, es por algo; O la planta tiene alguna deficiencia, o no es apta para ese ambiente.

Ligia selecciona los vegetales

Ligia selecciona los vegetales

Según Juan, las plagas son una forma de selección natural: las fuertes y aptas, sobreviven y se reproducen. Si la planta se adapta adecuadamente y tiene la diversidad de nutrientes que requiere, se cuida solita de las pestes. Insiste que el logro ha sido crear un sistema sencillo o viable, que se puede replicar tanto en Escuintla como en Xela y que cualquiera lo puede lograr, con un poco de sentido común y con algunos trucos.

Juan visualiza un futuro cercano en el que haya muchos huertos como el suyo y que comer alimentos sanos y libres de veneno, pueda ser una realidad para la humanidad.

Los surcos del huerto de Agrofenomenal forman espirales que se encuentran entre sí

Los surcos del huerto de Agrofenomenal forman espirales que se encuentran entre sí

El tercer pilar del sistema Agrofenomenal, es la nutrición. Juan y su familia son veganos y siendo fiel a su convicción, que una planta sana es una planta bien nutrida; también una persona sana, tiene que estar completamente nutrida. Algo que se puede lograr con una dieta de frutas y vegetales.

Todos los vegetales de su huerto son seleccionados por sus cualidades nutricionales y son potenciados por sus ricos suelos, que contienen minerales traza (microminerales) complejos, derivados del mar.

Degustamos esta deliciosa piña con pepitoria

Degustamos esta deliciosa piña con pepitoria

He aquí uno de los secretos de Juan; la simpleza de su sistema de nutrición, yace en que usa la más rica fuente mineral y de microorganismos del planeta: el mar. Juan nos explica que, sin la intervención del hombre, el mar es el entorno más equilibrado del mundo. No existen enfermedades patógenas como en la tierra, existe un equilibrio que se sustenta en la rica vida microscópica del agua del mar.

Al aplicar el aguamar a la tierra, se inserta esta mega diversidad mineral y orgánica a las plantas, que se hacen fuertes y resistentes a plagas o enfermedades y que, luego, nos transmiten esta potencia, al convertirse en nuestro alimento.

 

Desmitificando la agricultura orgánica

Las legumbres estaban frescas del rocío matutino

Las legumbres estaban frescas del rocío matutino

Paseando por el huerto de Agrofenomenal, Juan nos hace ver que este huerto es un experimento exitoso que demuestra que la agricultura orgánica puede ser sencilla, incluso más que la agricultura tradicional; basada en el uso de agroquímicos. Con el equilibrio correcto, en el suelo, el cultivo de un huerto es fácil de lograr y mantener, para proveer alimentos más sanos y libres de veneno.

Cultivo de rábano orgánico

Cultivo de rábano orgánico

Al resaltar este punto, Juan se emociona. Se imagina huertos orgánicos brotando en coloridas espirales en los campos de Guatemala y de todo el mundo, haciendo productos sanos y accesibles a más gente… pero también, invitándonos a abrir los ojos: los agroquímicos son venenosos para el planeta y para nosotros. Tenemos que modificar nuestras prácticas agrícolas industriales y, sobre todo, se tiene que saber que sí es posible, que hay alternativas fáciles y naturales.

Nos detenemos frente a las espinacas, de un verde profundo y hojas anchas. Juan nos quiere demostrar que un cultivo orgánico no tiene que ser más pequeño o subdesarrollado. Así, vamos constatando que las zanahorias, las remolachas, el brócoli, la arúgula… todos son grandes y exuberantes, de colores fuertes, llenos de jugo y sabor al degustarlos de la tierra a la boca.

Juan contándonos sobre sus métodos

Juan contándonos sobre sus métodos

Riendo, Juan dice, “si lo piensas, no tiene sentido. ¿Por qué va a ser un cultivo orgánico menos desarrollado? Si el cultivo está sano y tiene todos sus minerales, será orgánico pero también será grande y jugoso”. Nos asegura que, cuando se ponga a sembrar melones, serán los más grandes y sabrosos.

 

La metáfora de salud y armonía

La conversación con Juan fue extendiéndose, y tocamos varios temas, pero siempre llegamos a un punto central: estamos –inevitablemente– conectados con todo lo que nos rodea. Si envenenamos la tierra, envenenamos a otros seres vivientes, envenenamos nuestra comida y nos envenenamos; Si cuidamos la tierra, cuidamos a otros seres vivientes y nos cuidamos a nosotros mismos.

Una abeja nos acompaña en la visita a Agrofenomenal

Una abeja nos acompaña en la visita a Agrofenomenal

La respuesta para un mundo más sano, en todo sentido, empieza por un mundo más sano en nuestro interior. Si tratamos cada vez más aspectos de nuestra tierra y de nuestra vida, como Juan cuida su huerto, tropezaremos, tal vez sin darnos cuenta, con la sencilla fórmula de la armonía, que nos encamina a una vida saludable en todos los aspectos.

 

Escrito por:
Julio Barrios

Viajero de vocación, camino por el mundo coleccionando y repartiendo historias.

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