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El aprecio a la comida es el aprecio a la cultura

El aprecio a la comida es el aprecio a la cultura

Definitivamente, de las experiencias que más me han marcado cuando salí de las fronteras de Guatemala, fue la de poder comer en diferentes continentes y conocer, por medio de su gastronomía, las diferentes culturas. Desde entonces, es una de las actividades que más disfruto ya que nunca deja de darme lecciones en cada comida.

Visitar Asia es una de las experiencias más enriquecedoras que podemos tener como Latinoamericanos, esto porque conocer un mundo el cual no se rige bajo nuestros cánones de conducta y estética nos permite apreciar la belleza que existe en hacer y vivir de una forma distinta.

Durante uno de estos viajes, el alcalde de una de las ciudades tuvo la deferencia de invitarnos a cenar a un restaurante de los más tradicionales de la isla. Antes de asistir, nuestros traductores nos pidieron que por favor fuéramos lo más receptivos posibles con la comida ya que comprendían que la presentación e ingredientes posiblemente no eran los habituales de nuestras latitudes. Adicional, recibimos las consideraciones y modales para la cena ya que se trataba de una cena de varios tiempos y con gran variedad de platos.

Fuimos entonces tratando de memorizar toda la información recibida, el tomar siempre todo con la mano derecha y dejar la izquierda en el regazo, utilizar siempre los palillos de manera adecuada, distinguir el vaso del vino de arroz del de agua, etc.

Llegamos al lugar y lo primero que sucedió fue que separaron a hombres y mujeres en mesas distintas. Las mesas eran redondas y amplias con centros giratorios que tenían la ventaja de permitir un contacto físico con todos los comensales, con lo cual también se podía percibir los gestos o reacciones de cada uno -este fue uno de los temas conversados por los traductores ya que estaban conscientes que estarían pendientes de nuestras reacciones-.

El servicio individual parecía una muestra de todos los tamaños y tipos de porcelana de una vajilla, a pesar de esto, no había plato principal ya que todo siempre va al centro para compartir, algo que hace de la convivencia algo más dinámica.

Cada plato que llegaba era anunciado y el traductor nos hacía saber de que se trataba y su método de elaboración. Uno de esos platos fue una sopa de gallina que – si mal no recuerdo-  tenía más de doce horas de cocción, cuando la sirvieron, pude ver que habían incluido todos los elementos de la gallina en la misma, incluyendo patas, cresta y huevos junto con algunas hierbas y verduras; después llego el cerdo presentado entero, éste venía tierno, diferente al que nosotros acostumbramos a comer frito o muy bien cocinado. Me pareció interesante que venía decorado con pequeños elementos de colores, reforzando la idea de que era un festín de celebración. El arroz se sirve como un plato principal – y no como acompañante como nosotros estamos acostumbrados a verlo- con algunos platos calientes para acompañar el mismo. También pasamos por la sopa de aleta de tiburón, presentada con la aleta en una sopera especial.

La amabilidad de los anfitriones fue digna de recalcar, siempre sirviendo primero a los invitados y tratando de que todo fuera de nuestro agrado, y fue en este punto donde el anfitrión principal tomó la palabra y se puso de pie para agradecer nuestro comportamiento y apertura en la cena. Algo muy importante es que, cuando él se refería a la palabra comida, el traductor la traducía como cultura, de tal forma que el mensaje del respeto y aprecio presentado hacia su comida fue un agradecimiento del respeto y aprecio presentado a su cultura.

Después de este discurso, vino el brindis como antesala al último plato. Cuando este llegó, creímos que se trataba de una sopa, pero cuando lo sirvieron, vimos que venía frío y al preguntarle al traductor que era, nos dijo que no sabía el término en inglés, pero que era un gran honor el poder degustar del mismo, ya que era un plato tradicional de los emperadores. Esta explicación no calmó la intriga que nos causaba la textura -similar a la clara de huevo- fría con algunas uvas en su interior, lo único que el traductor alcanzo a decirnos fue que era de un ave, lo que nos confundió aún más.

Después del discurso y consientes que era el último plato, no nos quedó otra que comer una buena porción ya que estábamos en la mira de todos los comensales, aprovechamos a hacer un brindis para ayudarnos a digerir el plato irreconocible. Lo primero que hicimos al llegar al hotel, fue pedirle al traductor que nos ayudara a averiguar el nombre del plato o el ingrediente, pidió una computadora y nos dice con tono triunfante: ¡Flemas!

Creímos que habíamos escuchado mal y le pedimos ver la pantalla y, en efecto, así era: Flemas de Golondrina. Fue entonces que nos contaron que este plato era una de las especialidades de la comida China, que año con año muchas personas morían tratando de robar los nidos de las golondrinas en los cuales las flemas quedaban atrapadas cuando ellas se dormían y que, asociadas a la longevidad, fue uno de los postres favoritos de la corte imperial durante siglos.

Sopa de nido de Golondrina

Creo que lo mejor que pudo haber pasado fue el no saber lo que nos estábamos comiendo, de esta forma superamos el tema de reaccionar de una forma no adecuada al plato. A nivel de sabor, el mismo era casi nulo. Supongo que era más la asociación a los beneficios y lo difícil de obtener este platillo lo que le brindaba el halo con el cual lo presentaban. ¿Lo volvería a comer? no sé, quizá sí, si estuviera de nuevo en el continente.

Los dejo con la lección que aprendí: apreciar la comida es apreciar la cultura. En el caso de los países asiáticos, son civilizaciones en las cuales aún se conserva la apreciación por los rituales y el gusto por presentar su gastronomía a foráneos, algo que en nuestros países se ha ido perdiendo poco a poco y que deberíamos traer de vuelta.

Escrito por:
Luis Archila

Viajero y amante de las experiencias gastronómicas. También es un fanático de la coctelería y la comida local. Le encanta conocer restaurantes para conversar con sus cocineros y protagonistas, para entender todo su proceso creativo y de restauración.

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