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Ta Pin Lu

Ta Pin Lu

Entrevista a Esvin Alarcón Lam sobre su obra “TA PIN LU”

Fotografía por Cohete Studio

Entrevista por Lucia Barrios y Brenda Cervantes

 

Esvin nos recibió en su estudio, ubicado en zona uno, al lado de un antiguo hotel.

Tras ofrecernos algo de tomar y presentarnos las piezas que ahí se encuentran, Esvin nos invitó a sentarnos para discutir una de sus obras más recientes, el “Ta Pin Lu”; acción y obra situacional, con un efoque social y gastronómico, que forma parte de la serie “Gestos de Hospitalidad para un Mundo Hostil”.

La obra "Ta Pin Lu" se llevó a cabo dentro de otra obra, "Kit Kit Kit", que es la casa-estudio de Edgar Calel, en Comalapa

La obra “Ta Pin Lu” se llevó a cabo dentro de otra obra, “Kit Kit Kit”, que es la casa-estudio de Edgar Calel, en Comalapa

Comenzamos preguntándole sobre esta poderosa frase que nombra a su serie, lo que lleva a Esvin a hablar acerca de otra obra que la conforma, “¿Compartimos un té?”.

Es una pieza que podés tocar, podés oler, podés tomar… Entonces eso le da otro sentido.

Yo quería hacer una pieza que tuviera que ver con poder hacer algo dentro del museo, que fuera crítica, en el sentido que la institución no te deja beber o comer dentro del museo. Aparte, que no se puede hablar y la idea es que te reunís alrededor y tomás té… vas a platicar e, incluso, hablar de por qué son las cosas así. Entonces, es una pieza que te permite experimentar más.

En la Colonia China tienen una tetera gigante con una de estas cosas –más grande todavía– viejísima (refiriéndose a la especie de canasta que mantiene caliente la tetera), y te dan siempre té. Nos daban el té así y no se enfriaba. Me gustó mucho la idea de lo caliente. Estaba pensando también en un libro de antropología que había leído que era sobre lo crudo y lo cocido. Pero yo lo pensé así; hice un mapa conceptual sobre la vida, la migración de mi bisabuelo y separé los elementos grandes, que eran el agua y el fuego. Porque a todos los cantoneses que migraron a Guatemala, con la idea de regresar a su país, les dicen “chinos de ultramar”. No es una migración, es como la gente que se va de Guatemala a Estados Unidos. Mucha gente se quiere ir pero quiere regresar, no quieren hacer una vida allá.

El punto es que habían dos elementos muy grandes y ahí fue donde me di cuenta que, como metáfora me podría gustar mucho usar la cocina o algo que se come. Porque en el té mezclas agua y calor (fuego) y no es una contradicción, no se repelen, sino que se complementan para hacer algo que tiene un efecto o que te da la oportunidad de entablar discusiones o diálogo con la gente. No es algo que necesariamente es destructivo, que el agua y el fuego pueden ser muy destructivos usados de otra manera. Y de ahí que llegué al Ta Pin Lu.

Yo estudié, entre otras cosas, comunicación. Entonces, tiene que ver con esta idea de la comunicación horizontal. Por eso prefiero que todo sea redondo y, un poco usando la idea del Ta Pin Lu, que se come alrededor. En ese sentido, ya no hay jerarquía, como que se sienta a la cabeza alguien, sino cada quien está alrededor de la mesa. Porque si estás poniendo jerarquías, no estás compartiendo, estás dividiendo.

Esvin es volátil y elocuente, habla con la misma prisa con la que corren las ideas por su mente. No termina de responder una pregunta cuando ya está en la siguiente y así, la conversación fluye por un buen tiempo. Tratamos de regresar al meollo de la conversación, el Ta Pin Lu.

Esvin colocando el inicenso , tradición de Guatemala para honrar a los antepasados.

Esvin colocando el inicenso , tradición de Guatemala para honrar a los antepasados.

Bueno, el Ta Pin Lu es un tipo de comida. La dinámica fue lo que a mi me llamó. Yo en realidad no había comido Ta Pin Lu hasta que estuve con mis amigos chinos. En realidad esto tiene una raíz de hospitalidad. Ellos me invitaron a comer una o dos veces Ta Pin Lu.

¿A su casa, aquí en Guate?

No, en realidad fue en el restaurante. Se llama Yi-Hou. Comiendo ahí, la dinámica me pareció bien interesante, que es muy crítica pero propositiva también.

Mi hermana se queja “ay, esto no me gusta comer” y yo le digo, “a vos lo que te hace falta es ponerte a cocinar un par de días para apreciar un poco lo que hay”. Es decir, como que se de cuenta que, lo que hay ahorita lleva un montón de trabajo. Entonces, eso me sirvió como analogía y cuando fui a este Ta Pin Lu —que es esta olla hirviendo que está en medio— me gustó mucho por la idea de lo frío y lo caliente, todo lo cocido, el fuego y el agua… y que es el resultado de la interacción, de toda esa convivencia, que cada quien va aportando, de alguna manera, y la sopa se come de último. En vez de como uno generalmente lo hace acá en Guatemala… el método tradicionalmente, que la sopa es la entrada, luego es la comida, luego el postre y adiós, ¿verdad?

Carne de res, uno de los ingredientes que se cocinan dentro de la olla del Ta Pin Lu

Carne de res, uno de los ingredientes que se cocinan dentro de la olla del Ta Pin Lu

El Ta Pin Lu —al menos el que yo he comido— tiene carne de res (se hace en pedazos muy pequeños), albóndigas de pescado, pato, pollo y varios vegetales, como: espinaca, lechuga, acelga, bok choy y canchón.

Este Ta Pin Lu yo lo mandé hacer. Al principio lo quería cocinar y luego, me di cuenta que mi pieza en realidad no era cocinar tal cual, sino crear esa situación que, por un lado, era una instalación de arte… Porque también tiene una cuestión instalativa y lo que hicimos al inicio fue quemar unos inciensos.

¿Y lo del incienso que relación tenía con tu obra?

Se hace en eventos muy importantes nada más, como para honrar a los antepasados. Comalapa me ha dado mucho de lo que creo que tengo de espiritual y esto fue en Comalapa, en el estudio de un amigo que se llama Edgar Calel. El estudio es una pieza de él, así que es como una obra adentro de otra obra. El “Kit Kit Kit” es la casa de su abuela que falleció y él la hizo su estudio de arte, por ende, es una obra de arte. Esta es la parte de afuera (señala una foto). Entonces, él pintó “Kit Kit Kit” en la parte de afuera, porque es como la abuela llamaba a las aves para darles de comer. Y, como él me invitó a que hiciera un proyecto ahí, que tuviera que ver con comida —porque le conté que yo podía cocinar un poco en wok—, le gustó mucho la idea y me dijo “¿por qué no venís a hacer un proyecto de esto?”.

Y a mi me parece que ese espacio tiene que ver justo con eso de las relaciones pero también con alimentación. Él pensó en esta pieza que tiene que ver con darle de comer a las aves y que está relacionado con su abuela, de la misma forma que mi obra hace referencia a mi bisabuelo.

Así que yo atendí a una invitación y respondí con otra invitación.

El Ta Pin Lu realizado en diciembre de 2016, que podría catalogarse como una instalación, una acción, un  happening o, incluso un performance,  fue pensado por Esvin como una obra situacional, enfocada en que las personas que convergían con la obra, se relacionaran. Por lo tanto, Esvin, como autor, tenía poco o nulo control sobre la obra. Algunos de los sucesos inesperados fueron la visita de un hombre un poco pasado de copas, al que tuvieron que pedirle amablemente que se retirara, tras que hiciera algunos comentarios poco hospitalarios y la increíble destreza de una niña pequeña que por primera vez utilizaba palillos chinos.

 

Parte de la convivencia fue aprender a usar palillos chinos

Parte de la convivencia fue aprender a usar palillos chinos

Algo que yo no me esperé… Sabía que lo iba a hacer, pero no lo pensé porque fue muy automático… Fue lo de comer con palillos. Alguna parte de mi estaba consciente de que les tendría que enseñar, pero nunca pensé en la posibilidad “¿Y si no pueden? ¿Les llevo algo más?”. Y no llevé nada más. Llevé los puros palillos y las cucharitas, que eran para servirse.

¿Y pudieron?

Sí. La mayoría. Hubo gente que le costó un poco más, pero vio cómo hacerle, aunque le costara la eternidad. También les dije “miren, si les cuesta mucho, úsenlo como tenedor. Aplasten la carne” (como atravesándola con el palillo) y eso hicieron. “¿Y si no puedo”, me preguntaron algunos. “Se quedan con hambre”, les respondí yo. Entonces la gente… Un poco la imposición, pero lo sintieron divertido. Siempre la vibra fue tratar de hacer que la gente se riera, que no se enojara y no se frustrara.

¿Y qué tal fue la interacción?

Súper buena. Eso sí me llenó mucho. Yo no esperaba que fuera a ser así, pero la gente estaba súper agradecida y súper contenta. Creo que toda la gente —o mucha gente— de Comalapa es así… Súper abierta a probar algo diferente. Me preguntaban “Mire, ¿ y esto cómo es?”.

Habían invitados de todas las edades al Ta Pin Lu

Habían invitados de todas las edades al Ta Pin Lu

Esta niña me sorprendió (nos señala a una pequeña de aproximadamente 7 u 8 años que aparecía en la foto). En un momento ella se iba a servir y según yo, yo le iba a ayudar. Pero lo hizo con tanta naturalidad y tanta seguridad, que fue así como, ¿qué te importa?. Me quedé callado. Agarró el plato y le echó un  poco de picante, como que a ella era lo que le gustaba. Agarró un poco de no sé qué, lo tiró… así, como que tiró cosas a la sopa y luego, las buscó rápido, las metió… así, ¡bien pilas! Magi, se llama ella, es la hermana de Calel.

Sobre el sabor, Esvin nos cuenta que todos lo disfrutaron mucho.

A mi también me gustó bastante (se ríe). Es que sí quedó rico, lo hicieron muy bien. Ayudaba que se cocinó rápido. Y creo que también, una parte de lo que le da la emoción a lo que te estás comiendo es que, como lo estás haciendo, te lo apropiás un poco más. Es esta idea de que nadie se adueña de nada que no trabaja.

Los fideos, en el "Ta Pin Lu", se comen hasta el final

Los fideos, en el “Ta Pin Lu”, se comen hasta el final

¿Y como a cuánta gente atendiste?

Estaba preparado para 45 y llegaron 33. Así que estuvo bien. Mis amigos del restaurante me dieron un montón de comida de más. Era para que cada quien se hartara. La gente comió un montón y todavía quedaba.

¿Tu idea inicial, entonces, era simplemente juntar a gente que podría disfrutarse esta experiencia?

Es que aquí es donde entra el paradigma de lo contemporáneo… El “pero decime, ¿cuál es la pieza?”, porque estamos muy orientados a resultados. Era un reto, en algún sentido, poder armar todo esto como evento.

Félix González Torres, uno de mis artistas favoritos, menciona que muchos artistas de los setentas y los ochentas pensaban que reunirte a tomar una cerveza o a comer con  un grupo de amigos era de las experiencias estéticas más elevadas que hay. Como vos no decís, “Mirá, vamos a tomar un café. ¿De qué vamos a hablar?”. Esto salió un poco así… Si vas con una agenda, no te permitís esa libertad. En cambio, si sólo llegás, cosas más chileras pasan.

Carros adornados con motivo del desfile navideño en Comalapa

Uno de los carros del desfile navideño iba adornado con lámparas chinas y los invitaron a comer Ta Pin Lu.

Y algo que me gusta es que la madera, al final, es un material que es crudo también y que viene de lo orgánico. Incluso, tiene que ver con la destrucción, pero también es hospitalaria. La madera siempre te da un espacio más acogedor, con textura… un poco como la piel.

¿Y tuviste alguna revelación o descubriste algo a través de esta experiencia?

Creo que algo que se reforzó es que acá yo no tenía absolutamente nada que enseñarles a ellos en el sentido de hospitalidad, porque la gente del pueblo es mucho más hospitalaria. La gente fue muy muy agradecida y me lo dijeron. Y lo que más les gustó fue el intercambio cultural. Porque ellos preguntaban, “mire..” y yo les decía lo que sabía. Y lo que no sabía no me lo iba a inventar. Pero incluso cómo comer con palillos, para ellos fue toda una hazaña y les gustó aprenderlo. Como que la gente siempre está queriendo aprender cosas, si de buena manera se les comparte. Y esa era la idea, compartir.

En Comalapa hay varios de los artistas que a mi más me gustan de Guatemala y que, de hecho, llegaron un rato. Si hubiera pensado más en quedarme en el concepto de este tipo de piezas (refiriéndose a su trabajo anterior, más enfocado en la instalación y el objeto), hubiera hecho un evento en  mi estudio para artistas de la ciudad. Pero no me interesaba tanto eso.

Hija de la famosa pintora de Comalapa, Paula Nicho

Hija de la famosa pintora de Comalapa, Paula Nicho

Creo que esto también surge de un sentimiento que no tiene que ver nada más con la búsqueda identitaria –en cuanto al tema de la migración cantonesa–, sino,  también con el mundo del arte que es un mundo bastante complejo y puede ser muy hostil. Entonces, la idea de esta pieza es que fuera una crítica hacia eso, sin tener que mencionarlo.

¿Para ti, cómo está atada la hospitalidad a la comida?

Creo que está fuertísimamente ligada y que la comida no está ligada sólo a la hospitalidad, sino que la hospitalidad es un motivo, un iniciador. Pero la comida está atada a muchas más cosas que la hospitalidad. Está atada a identidad, a cultura, a experiencias, a estética…

Hace poco, para navidad, me preguntaba un amigo extranjero –una pregunta un poco inocente pero estuvo bien que la hiciera, porque a lo mejor muchos guatemaltecos no la habían pensado– : “¿Por qué a los guatemaltecos les parece que los tamales son una comida navideña, cuando es el plato que hay todos los sábados?”. Si lo ves, hay una lógica en eso. Pero hay demasiada lógica y poco corazón en esa pregunta. Porque, bueno, la comida no es un producto material nada más, sino un producto cultural. Y, a parte de los tecnicismos (como que los tamales de navidad tienen un poco más de cosas), es que los tamales de navidad vos los hacés con tu familia. O si los comprás, los compartís en familia, pero no te los comés vos solito. Es decir, hay una experiencia en eso.

El Ta Pin Lu es una especie de fondue chino que, en lugar del queso, se trata de un caldo donde colectivamente se sumergen los ingredientes para crear una sopa de la que todos se sirven

Entonces, lo mismo creo yo, de mi experiencia con esto… Ese tipo de plato (el Ta Pin Lu) se come y se hace colectivamente. Es que, sin eso no te lo podés comer. Y también era un poco la crítica a la comida que hemos consumido de manera más imperial; donde tenés una estructura en la que alguien te la prepara, te la lleva y vos, todavía te quejás. El “Ta Pin Lu” te hace reflexionar un poco sobre este tipo de trabajo que hay detrás, te lo devuelve para que vos estés activamente más consciente de ello.

Obviamente yo no estoy pensando que la gente fue a pensar eso, esa no era la idea. Un curador me podría decir “pero todo eso no dice tu pieza”. Sin embargo, ese es mi proceso, el que estoy hablando, no te estoy hablando de lo que la pieza dice. La pieza probablemente no dice nada. Pero está relacionada a la hospitalidad y a la comida, porque la comida es un producto cultural y la hospitalidad es una actividad más que se puede lograr… Creo que es muy delicada, como la comida es muy delicada también. Se puede descomponer muy fácil la comida, como se puede descomponer muy fácil la hospitalidad. La violencia es muy fácil de iniciar y, por eso, hay que tenerle mucha atención a los detalles… Que creo, es algo con lo que un chef podría estar muy de acuerdo. Se puede arruinar muy fácil un plato de comida. Igualmente, un evento.

Esterlina Curruchich Cumez, una de las invitadas al "Ta Pin Lu"

Esterlina Curruchich Cumez, una de las invitadas al “Ta Pin Lu”

Insistimos en conocer la percepción de los otros participantes de esta obra…

Nunca fue la idea (preguntarles). Yo dije “entrevistas no”, porque no los quería usar a ellos. Pero si ellos lo querían hacer, sí, porque de ellos salió. No quería como “instrumentalizar” a la gente. Pero ellos mismos me dijeron algunas cosas brevemente, muy interesantes. Entendieron completamente bien que la experiencia y que la sopa había sido como una metáfora de la situación, de cómo funciona la sociedad y que, al final, la sopa era como el residuo, pero un residuo que no era feo… lo pudo haber sido, si alguien la tiraba o si alguien le echaba algo, por molestar, ya sabés. Eso sí me lo dijeron varias personas, porque la gente sabía que era una obra de arte y que estaban adentro del estudio de un artista que es conocido en Comalapa.

Al final, el “Ta Pin Lu” de Esvin trata más sobre las personas y las dinámicas sociales que, en sí, de la comida o de una cultura en específico.  Y es que es a través de la comida y de la convivencia en torno a la mesa, que realmente nos conocemos a nosotros y a los otros; que sabemos quiénes somos. Los humanos rara vez comemos solos.

Curiosamente, los inciensos duraron casi lo mismo que el evento

Curiosamente, los inciensos duraron casi lo mismo que el evento

Escrito por:
Brenda Cervantes

Editora y Productora de Contenido en Mister Menú. Como, luego, escribo. Instagram: @unbuttonyourpants

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