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Parte I

Parte I

La chica que siendo rebelde encontró su vocación

 

El día del viaje salimos de madrugada. Por ser tan temprano, íbamos todos escuchando música tranquila, mientras el cielo se iba aclarando sin prisas. Yo no conocía a Ifer, por lo que rompí el silencio para preguntarle sobre su vida. Me cuenta que siempre fue muy inquieta y rebelde. Desde los 14 años se independizó de sus papás. Cuando estudió para ser chef en el INTECAP, sus papás pensaban que estudiaba diseño de interiores. Al graduarse, de manera improvisada, se fue por un año con un grupo de amigos a viajar por todo el país. A su regreso, se lanza a estudiar coctelería, de nuevo enfrentando la oposición de sus papás, que temían que trabajara en un ambiente de vida nocturna.

Ifer Monroy

Ifer me explica: «para una mujer bartender, el estilo de vida que implica estar detrás de una barra no es fácil, por los horarios y los estigmas. Por lo mismo, solo hay tres o cuatro mujeres que están haciendo cosas innovadoras y diferentes. Yo tuve la suerte de que mi primer jefe de barra haya sido duro conmigo. Para enseñarme cómo debía ser una verdadera bartender, me ponía a cargar cajas y barriles de cerveza. Hoy por hoy, cuando me pongo a lado de un hombre bartender, es como… “mano, yo también lo puedo hacer”». Ifer continúa: «Cualquier mujer que se mete al medio tiene que saber que va a tener un trabajo físicamente pesado, pero el mayor reto que he encontrado no es ser mujer, sino la falta de estabilidad y respeto por la profesión. Todavía no se considera que la coctelería tenga una categoría similar a la de un chef, por ejemplo» Aún con todos los retos que implica dedicarse a ser bartender, Ifer ha tenido muchos logros, incluyendo estudiar coctelería en Londres, España y África, además de ganar la primera fase del World Class en el 2015.

Al escuchar la historia de Ifer, rápidamente mi mente viaja hacia Quetzalito… ¿Qué pensarán los papás de las chicas de Quetzalito? ¿Qué retos enfrentarán?

El festival que unió a dos chefs con una misma pasión

 

Al llegar a Puerto Barrios, nos dirigimos hacia el hotel El Reformador, que nos donó la estadía gracias a las gestiones de Yoli y Luis. Después de un merecido descanso, nos dirigimos al restaurante Alex House, que usamos el resto de días como punto de encuentro. De hecho, Alex, el propietario del restaurante, nos proporcionó generosamente las comidas y sus instalaciones para lo que necesitáramos durante los días de producción.

Cuando entramos, los meseros nos dieron la bienvenida y nos acompañaron hacia una mesa con decoraciones especiales, que estaba en una pérgola frente al mar. Allí nos esperaban los chefs Yoli y Luis, Evelyn Orellana (la delegada supraregional de Inguat), Alex Aldana (el propietario) y la chef del restaurante, Jennifer de León.

Después de saludarnos y tomarnos las respectivas selfies grupales, finalmente nos sentamos a platicar. De inmediato, le pregunto a Luis y a Yoli que cómo comenzaron este lindo proyecto – Izabal Gastronómica – que está tocando tantas vidas (incluyendo a las chicas de Quetzalito). Yoli, con su sonrisa fresca, me contesta: «Luis y yo nos conocimos peleando por la gastronomía de Izabal en Internet. En una discusión en Facebook, él hablaba sobre la gastronomía de Izabal y yo le contesté que no podía dejar de lado los platillos garífunas y afro-descendientes no tan conocidos, como la Machuca. Después de una apasionada conversación, mejor nos pasamos a hablar “por inbox”. Así fue como Luis me invitó a participar como jurado del primer festival que se hizo, el cual se montó en el Malecón de Puerto Barrios en el 2016. Yo solo iba de jurado, pero después de esa experiencia terminé siendo organizadora junto a Luis».

Los chef Yoli y Luis de Izabal Gastronómica.

«De hecho», continúa Luis, «fue para ese primer festival que conocimos a las Mujeres de Quetzalito. Cuando estábamos organizando el festival, la gente de la municipalidad de Puerto Barrios nos comentó que el CONAP tenía un proyecto para intentar disminuir la población de pez león —una especie foránea que no tiene depredadores naturales en la región—. Para lograrlo, a través de la fundación Mundo Azul, estaban enseñándole a preparar el pez león a unas chicas de la comunidad de Quetzalito, con el fin de aumentar su consumo en el hogar. La preparación de este pez lleva una técnica especial por la ponzoña que tiene en las espinas. Me pareció interesante el proyecto, por lo que las fui a conocer para invitarlas a participar en el festival. Cuando aceptaron, le pedí ayuda a la chef Titi Bruderer para que nos apoyara a entrenarlas para la competencia. Entre Titi y yo, las capacitamos hasta que terminaron tres platillos para presentar utilizando pez león.

Durante esa fase de capacitación, las fuimos conociendo cada vez más. Nos dimos cuenta que ellas iban a traer su propio producto y pescaban en el mar. Incluso, la más jóven de ellas, Scarlet, recibió clases de buceo con la gente de CONAP para ir a cazar pez león. Entonces, Scarlet salía a bucear para traer el pescado y ya luego cocinábamos con las demás. ¡El día de la competencia, presentaron unos platillos exquisitos, por lo que fueron de las ganadoras!».

En ese momento me caló el impacto positivo que tienen los esfuerzos de festivales regionales como este, ya que son capaces de inyectar la pasión por la gastronomía en lugares remotos, como Quetzalito, abriendo puertas para quienes se interesen y empoderar a los participantes dentro de sus comunidades, dándoles la oportunidad de capacitarse.

De pronto, Yoli me saca de mi cabeza y me trae de vuelta a la conversación: «Ellas son unas chicas llenas de energía positiva, son muy altruistas y entusiastas, de hecho, aún con toda la restricción económica que enfrentan, ellas no se limitan. Si no tienen la capacidad económica de desarrollar algo, son de las que comienzan a tocar puertas. Incluso la pesca, que es algo que se asocia más a los hombres, para ellas no es un obstáculo».

Después de cenar, nos fuimos directo a la cama porque al día siguiente debíamos estar despiertos desde las 4:00 de la mañana. Esa noche soñé con tambores, peces, caracoles, una brisa marina que me acariciaba, arena blanca y palmeras. Dormí como si me arrullara el sonido de las olas del mar.

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Escrito por:
Miss Menú

Directora de producción y edición de contenido. Co-fundadora de Mister Menú. Co-capitana del barco pirata.

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