fbpx

Parte II

El Pez León: Un ser hermoso que el destino eligió para ser amenaza del lado incorrecto del océano

 

Al día siguiente, salimos de madrugada hacia Quetzalito, una pequeña comunidad de pescadores, frente a la bahía de Omoa, cerca de la frontera entre Guatemala y Honduras. Quetzalito es una comunidad muy tranquila que descansa frente al río Motagua, el río más largo de Guatemala (486 km de largo) que desemboca en el Atlántico.

Al llegar, cuatro de las cinco chicas del grupo y sus familias salieron a recibirnos. Lo primero que noto al verlas es lo jóvenes que se ven. Nos saludamos de abrazo y nos tomamos las respectivas selfies grupales… me da tanta curiosidad saber sus edades que no espero mucho para preguntarles. Al escuchar sus respuestas, me sorprende que la mayor tenga apenas 20 años.

Apenas platicamos con ellas porque ese día lo comenzamos en altamar con el equipo de CONAP, aprovechando que tenían programada una salida para hacer monitoreos y cacería de pez león en dos arrecifes locales. La única de las chicas que nos acompaña en la tiburonera es Scarlet, quién ya recibió el curso de buceo. Lastimosamente ese día no pudo sumergirse ya que había estado enferma.

Zarpamos navegando por el río, que tiene un caudal muy tranquilo. Los paisajes verdes paradisíacos y el ronroneo constante del motor, me tenían en un estado placentero de ensueño hasta que unas montañas de plástico que había en las áreas verdes a lado del río me despiertan. Era tanto que, por un momento, pensé que el terreno pertenecía a un proyecto de reciclaje. De repente me siento ansiosa… le preguntó a uno de los tripulantes locales sobre el plástico y éste me responde: «Todos los días limpiamos y todos los días se vuelve a llenar como si no hubiéramos hecho nada.  Es la basura que trae el río desde la capital y quién sabe de qué otros lugares… llega aquí y continúa hacia el mar, hasta las islas de Honduras y no sabemos a dónde más. Realmente es un gran problema». Siento que se me estrecha el corazón.

En camino a pescar Pez León.

Para romper el silencio, le pregunto a uno de los miembros del equipo de CONAP sobre el trabajo de monitoreo que estamos acompañándolos a hacer. Me explica que Guatemala forma parte del sistema arrecifal mesoamericano, que está compuesto por cuatro países: Guatemala, México, Belice y Honduras. En conjunto, se hacen esfuerzos y monitoreos para medir la salud de los arrecifes. En cuanto a la pesca, nos cuenta que en la región se consiguen pargos, meros, róbalos, sábalos, langostas, caracoles y, por supuesto, pez león.

El pez león pertenece al océano Indo-Pacífico en Asia, en donde participa del ecosistema como uno de los depredadores locales. La suerte lo trajo de este lado del mundo en los años 80s y 90s. Algunos culpan a su belleza exótica por la que las tiendas de mascotas lo vendían a entusiastas novatos de acuarios que, al darse cuenta de los cuidados que requería, se desilusionaron y lo echaron al mar. Otros culpan al agua de lastre que llena los compartimientos que tienen los buques mercantes en el sótano, para equilibrar y compensar peso. El agua la toman de un lugar como Asia y luego hacen cambio de aguas de este lado del océano. Se cree que, en ese cambio de aguas, se liberaron larvas de pez león. Hoy en día, la especie habita todo el sistema arrecifal mesoamericano, en Norteamérica y hasta en aguas continentales.

El impacto que causa el pez león se debe a que, al no pertenecer a la región, no tiene depredadores naturales, se reproduce con mucha facilidad y es carnívoro, por lo que se alimenta de todo tipo de especies pequeñas, causando un desbalance en los ecosistemas. Aún así, poco sabemos sobre el pez león. Lo que sí sabemos es que, por ahora, la única forma de hacer un balance es promover campañas de cacería y alimento. Ese día, el CONAP estaba haciendo estudios para entender qué especies son las más afectadas por el pez león en el área, para eso extraerían material biológico de los estómagos de los peces león que logren pescar, luego esos mismos son los que usaríamos para que las chicas cocinaran.

Finalmente, entramos a mar abierto, donde las olas están bastante grandes. Cada vez nos alejamos más, hasta que ya no hay tierra visible, sólo la vastedad del océano. De pronto, nos detenemos. Llegamos a uno de los arrecifes donde los buzos de CONAP van a hacer la cacería. Se ponen sus trajes y se sumergen. Mientras esperamos en el tambaleo de la lancha, aprovecho para platicar con Scarlet, la más pequeña de todas. Orgullosa me cuenta que el grupo de Mujeres de Quetzalito son reconocidas por especializarse en la preparación del pez león, cuando nadie más se atrevía a consumirlo porque se creía que era venenoso.

Desde que comenzó el proyecto del CONAP, Scarlet se interesó por salir con ellos al mar, hasta que consiguió un patrocinio para recibir el curso de buceo y así, acompañarlos formalmente a pescar. Su interés por el mar viene de la ilusión de convertirse en bióloga marina y chef. Su plan es dedicarse a la conservación de la biodiversidad marina y educar a la población sobre la importancia del mar a través de la cocina (como con la preparación del pez león, por ejemplo). Actualmente estudia ingeniería ambiental en la universidad.

Scarlet me cuenta que son cinco las chicas del grupo además de ella: Sheyla, Maira, Marbely y Cynthia. Me cuenta que todas pescan porque son hijas de pescadores y crecieron pescando. La mayoría de ellas usan «chinchorro» a la orilla de la playa ó trasmallo. Se enfocan en la pesca de langosta, tiburón, pargos y róbalos. Justo cuando comencé a perder un poco la atención de lo que me decía Scarlet porque el tambaleo de la lancha ya me estaba haciendo sentir mareada (y no era la única), finalmente emergieron los buzos victoriosos con la pesca. Sacaron alrededor de 20 peces león. Al ver sus colores llamativos, como pintados con pincel y su figura perfecta, no pude evitar simpatizar con ellos.

Las mujeres del Quetzalito: La posibilidad de ser las guardianas de su comunidad

 

Al regresar a tierra firme, las chicas habían hecho todo el mise en place de los platillos que nos iban a preparar. Frente al río, montaron una mesa de trabajo decorada con ingredientes regionales, incluso colocaron flores, cocos y bananos dentro una canoa de madera para ambientar. Todas estaban ocupadas, trabajando en armonía.

Me llamó la atención el liderazgo innato de una de ellas, Cynthia Ortega, de 19 años. Me acerco para hablarle mientras fríe plátano verde. Me cuenta que desde pequeña cocina. A los ocho años ya era la encargada de hacer los almuerzos en su casa, pero nunca se imaginó que algún día llegaría a cocinar con técnicas gastronómicas como las que sabe hacer ahora. Me cuenta también sobre el proyecto de la fundación Mundo Azul que les enseñó a manipular el pez león, y sobre Izabal Gastronómica, el festival que las capacitó para perfeccionar su técnica en cocina y a través del cual ganaron tercer lugar en salados y segundo lugar en postres. Hasta la fecha, han participado ya en tres festivales de los que han salido victoriosas, aún sin haber seguido una carrera culinaria. «Lo que nos hace diferentes», me explica Cynthia, «es el empuje de las ganas de salir adelante que tenemos y el apoyo de los chefs de Izabal Gastronómica, ya que el poco tiempo que hemos tenido con ellos, lo aprovechamos para aprender técnicas, hacer montajes, emplatar y todo».

Cynthia Ortega

Actualmente, Cynthia trabaja en el MINISTERIO DE AMBIENTE. Sus planes a futuro son estudiar ingeniería ambiental y cocina, para algún día, entre todas las chicas, abrir un restaurante donde puedan combinar ambas profesiones y así, contagiar a sus comensales (y a toda Guatemala) sobre lo que significa coexistir en armonía con el medio ambiente y transmitir que esta tierra es la única que tenemos para vivir. Para Cynthia, cuidar y proteger la naturaleza es algo que nace espontáneo en su corazón ya que, como habitante de Quetzalito, el problema de la falta de manejo de desechos del país afecta directamente a su comunidad. El río Motagua acarrea enormes cantidades de plástico principalmente desde la capital, hasta las playas de Quetzalito y luego directamente al mar.Como dice Cynthia: «los cambios grandes nacen de acciones pequeñas, por ejemplo, no necesitamos usar pajillas ¿verdad? Una pajilla toma 2 mil años en desintegrarse».

Las chicas son muy activas, como decía Yoli, no se quedan con las limitaciones económicas que tienen, si quieren algo lo consiguen. Hace poco, hicieron una propuesta para conseguir equipo de cocina propio y se las aprobaron.

Maira y Sheila Dubón son hermanas y ambas forman parte también del grupo de chicas. A Maira, como a su padre, le interesa estudiar agronomía para cultivar maíz, frijol y chile. Sheila, en un inicio, era la más apasionada por la cocina de las dos. Al ingresar al grupo de Mujeres de Quetzalito, inspiró a su hermana Maira y, al poco tiempo, las dos estaban dentro. A Sheila lo que más le gusta es explorar ingredientes y técnicas nuevas, salirse de lo tradicional. Ambas sueñan con abrir un restaurante junto a las demás chicas.

Hermanas Maira y Sheila Dubón

Un olor espectacular invade el ambiente. Los platillos estaban listos. Mi corazón se alegró al ver en un plato el resultado de tanto talento, tantas ganas y tanto cariño. El primer plato que nos presentaron fue un pez león frito con salsa de reducción de coco y fumet, acompañado de croquetas de plátano. Venía montado en una presentación sofisticada, estaba cremoso y rico en sabores caribeños, simplemente delicioso.

Pez león frito con salsa de coco y fumet.

En Quetzalito, la gastronomía se parece mucho a la cocina garífuna que encontramos en Livingston. Esto es porque la gastronomía caribeña le pertenece a toda la región del caribe, trascendiendo varios límites fronterizos. La gastronomía caribeña es el resultado de una mezcla de culturas y lo que éstas hicieron con los productos que estaban a su alcance, como el coco, el pescado, los mariscos, los plátanos, los bananos, la yuca y el yampi, entre otros tubérculos. En Quetzalito, a la sopa estilo «tapado» se le llama sopa de coco. No es precisamente idéntico al tapado garífuna, ya que lleva ingredientes adicionales como: culantro ancho (zamat), achiote para el color y una mezcla de sal, pimienta y comino, muy utilizada en Honduras. La sopa de coco de las chicas llevaba también jengibre, albahaca, banano, pez león y yampi, un tubérculo morado local con una textura y sabor espectacular.

Sopa de coco

El ceviche tipo tartare que presentaron llevaba tomate, elotitos, cebolla morada, aguacate y pez león cocido en limón. Venía coronado con un chile chocolate entero y acompañado de tostones de plátano. Súper fresco, perfecto para disfrutar bajo las palmas en el calor caribeño.

Ceviche tipo tártare acompañado de tostones de plátano.

Para finalizar, nos sacaron unas tortitas de pez léon con pimiento, cebolla, albahaca, cilantro y ajo. Las acompañaron de una ensalada de palmito, muy refrescante y cítrica. También de arroz de coco con querel de chile chocolate. El querel de chile chocolate le dió un toque muy especial a este platillo, que ya de por sí, satisfacía al balancear lo cítrico de la ensalada con lo frito de las tortitas.

Tortitas de pez león, arroz y ensalada de palmito.

Después de enfrentarme a los problemas ambientales que sufre Quetzalito, conocer a las chicas me iluminó el día. Escuchar sus logros, sus sueños y lo claro que tienen su rol en la protección del ecosistema, utilizando además la gastronomía como medio (que ya les está abriendo puertas) me hicieron sentir inspirada. Entendí que el futuro está en ese empoderamiento comunitario. ¿Quién más va a mejorar un espacio si no quiénes viven en él? Entendí que la gastronomía tiene la fuerza de jugar un papel fundamental, no solo en el desarrollo individual, sino también en el desarrollo de una consciencia colectiva del mundo que nos rodea que, como diría Cynthia, es el único que tenemos para vivir.

Las chicas del Quetzalito nos compartieron sus logros y sueños

El futuro está en entender que todo está conectado. Está en entender que no podemos separar un platillo final de los ingredientes que vienen en él, ni del ecosistema del que estos ingredientes salen o del bienestar de las comunidades que trabajan a diario para cultivar, cosechar o pescar estos ingredientes y, por supuesto, del bienestar de los ingredientes en sí, tanto antes de convertirse en ingredientes como cuando ya lo son. El subtítulo que engloba a todos los artículos de las Mujeres del Quetzalito lee «el siglo XXI será femenino», pero no hablo de la mujer en sí. Hablo de los aspectos femeninos que todos llevamos dentro, como «sostener la vida» (de allí la palabra sostenibilidad). Hablo de cuidar, de proteger, de sustentar y nutrir… las chicas de Quetzalito lo saben.

Al regresar a Puerto Barrios, Ifer debía interpretar a través de distintos cócteles, utilizando como ingrediente principal RON BOTRAN y PERRIER, la experiencia que vivimos. Estas son las recetas que preparó:

  1. CÓCTEL QUETZALITO
  2. CÓCTEL CARIBBEAN SMILE
  3. CÓCTEL WADIMALU
Escrito por:
Miss Menú

Directora de producción y edición de contenido. Co-fundadora de Mister Menú. Co-capitana del barco pirata.

Ver otras publicaciones de Miss Menú