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Estación transparente del deseo: una conversación entre Marlov Barrios y Nicolás solanilla

Estación transparente del deseo: una conversación entre Marlov Barrios y Nicolás solanilla

Hace algunas semanas, el chef colombiano, pero también bastante guatemalteco, Nicolás Solanilla nos invitó a una experiencia que combina el arte plástico con el arte gastronómico. Y es que, cuando hablamos de arte tenemos que hacer mención de la intención en esencia de la obra y del artista. Pero ya llegaremos a eso. 

Llegué a la casa de la familia Montes un jueves por la tarde para la presentación de la experiencia artística que combina la obra de dos autores. La casa es una intervención del famoso artista plástico guatemalteco, Marlov Barrios (1980); que durante su trayectoria ha resaltado por su obra que integra la visión poética y tradicional de Guatemala y Mesoamérica junto con el mundo contemporáneo y la resignificación de espacios y voces. 

La obra de Marlov combina la arquitectura con la tradición mural, en una obra llamada  Estación transparente del deseo. Las texturas, técnicas y colores resaltan en la serie de murales en mosaico, y los juegos arquitectónicos son la narrativa visual que generan un hilo conductor. Al entrar nos encontramos con una historia e investigación, representada en arte, que muestra nuestra cultura y herencia prehispánica que converge con lo nuevo; con el otro, el conquistador. 

Mientras miraba lentamente cada uno de los detalles de los murales, que van desde la entrada en las gradas hasta detalles en vitrales, imaginaba todo nuestra tradición oral por las imágenes de serpientes, dioses mayas y símbolos mesoamericanos; pero a la vez, te encuentras con creaciones como controles de videojuegos. Fue allí cuando anunciaron la intervención del segundo artista, Nicolás Solanilla.

 

Una obra gastronómica

Empezamos la obra de Nicolás con una mano que te ofrece entrar a su mundo con un pan de yuca y maíz frito con mantequilla de costal, la mantequilla junto con el pan de yuca armonizaban de forma paralela complementando la textura de la fritura con la delicadez y frescura de la mantequilla. Una delicia que representaba diferentes juegos de sensaciones en boca, parecido a las sensaciones visuales que se materializan en la obra de Marlov.

Pero si el inicio fue increíble, lo que le seguía no se quedaba atrás. El puré frío de zanahoria y cardamomo, junto con el estofado de lentejas y chorizo ahumado de Tecpán y capuchinas representaban un expresión disidente entre temperaturas. La acción conservadora del humo en el chorizo daba ese aroma único combinado con las lentejas y el puré de zanahoria que abrían el apetito. 

Ya para ese momento, los cocineros estaban en su baile de preparación ininterrumpida sirviendo de forma sistematizada los platos que el chef dirigía; yo mientras tanto, observaba cómo emplataban el próximo tiempo. El ceviche de tomates orgánicos con flores comestibles de recolección, uvas y jícama era fresco para el paladar con el toque justo de acidez para pasar al próximo tiempo. 

La integración de productos mesoamericanos y sus técnicas se veía desde el inicio, pero no fue hasta la tetela de pato y anacates con salsa de tomates de árbol  y cenizas de cebollín con aceite de cilantro hasta que caí en cuenta de la intención del chef. La preparación de este plato típico Mixteco, tortilla de maíz doblada en forma de triángulo, se torna en un plato distinto con el aceite de cilantro y las cenizas de cebollín; las cenizas que se utilizan desde la época prehispánica dentro de la cocina. 

Y ya con la idea de la intención pronunciada de resaltar lo mesoamericano, como en la obra de Marlov, Nicolás nos entregó un tamal de plátano verde salsa de azafrán y cobanero verdolagas. La suavidad en la textura del tamal era placentera junto con su salsa que daba ese toque contemporáneo de la cocina latinoamericana, un toque que también se ve dentro de la obra del artista plástico. 

Tamal de plátano verde

Pasamos a los dos siguientes platos, que uno tras otro daban esa impresión de solidez y coherencia en el menú. El primero fue el frijol piloy y epazote con rabo prensado y güisquil crudo. Una vez más la combinación de texturas, entre el piloy el güisquil crudo, era una experiencia única por su sensación en boca. Mientras que el segundo plato,  pesca confitada en aceite de cocos hierbas con salsa de tapado y puré de ajo negro y titote, nos transportaba al caribe desde el primer bocado por la dulzura del coco y el pescado con la salsa del tapado, mientras que el puré con los tonos de la caramelización de coco del titote eran pequeños destellos de sabor en boca. 

Por último, y después de una o dos botellas de vino, llegó la hora del postre. El banano con crema de mole blanco y puré de poporopos bañado en caramelo con vinagre eran el último toque de dulzura que no competía con el plato anterior, era delicado en su sabor por la combinación entre lo salado y dulce. Aunque pensé que era el final, Nicolás tenía una última sorpresa: marshmallow de pericón. El sabor y aroma peculiar del pericón destacaban en esa textura suave y nubosa del marshmallow. La obra estaba completa.  

Las obras tienen diversos actores que están incluidos, y que sin ellos no pueden llevarse a cabo. En el caso de la experiencia completa, fue creada entre Nicolás y Nickol von der Meden; gestora y administradora hotelera con experiencia en restaurantes como Pujol. La gestión del evento fue el punto de equilibrio que en acción logró conectar la obra plástica con la obra gastronómica, y que tuvo como resultado la experiencia sensorial completa.

La intervención de Marlov por sí sola es un éxtasis de impacto visual que revela en su trasfondo el deseo del hombre dentro de su dualidad, la tradición y lo nuevo; el conquistador y el conquistado, el yo y el otro. Sin embargo, al integrar la narrativa propuesta por el autor en la interpretación de Nicolás Solanilla, una experiencia visual se convierte en una experiencia sensorial que casi llega a su plenitud. Cada plato está desarrollado e inspirado en la esencia de la obra, desde los ingredientes hasta las técnicas juegan con esa dualidad que se presenta en un mismo lugar. La experiencia fue una conversación artística en lenguajes diferentes, pero no distantes: la cocina y el arte plástico. 

Ya eran las 23:00 cuando todo había terminado, pero yo quería quedarme un momento más en la Estación transparente del deseo.

Escrito por:
Jose Vega

Cree que la comida, al igual que la vida, se trata de experimentar y arriesgar. Cocina, prueba nuevos sabores y escribe en su tiempo libre. Ha trabajado como comunicador, escritor, docente y editor.

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