Mesa para tres, por favor

Mesa para tres, por favor

Cuando me preguntan a dónde  ir a comer con niños, mucha gente se asombra cuando les recomiendo restaurantes que no caen en la categoría considerada kid-friendly.  Les cuento un poco…

La comida me apasiona. Me encanta descubrir nuevos lugares y pocas cosas me hacen más feliz que un plato de un cocinero inspirado. Por suerte, me casé con un hombre que comparte mi pasión y buen diente. Cuando nos convertimos en papás, nunca le dimos mayor vuelta al asunto y simplemente incluimos a nuestro hijo como un comensal más.  

Los requisitos para ir a comer a algún lugar con mi hijo de tres años son los siguientes:

  1. Nos atiendan rápido. Nada de esperar 20 minutos para que el mesero nos vea y nos tome la orden. Esto aplica también a todo el proceso de la cuenta y el cobro.
  2. Nuestra comida llegue en el tiempo justo y como la pedimos.  
  3. No esperamos que le hagan un plato especial a él. Seamos honestos, un toddler (niño pequeño) muy rara vez se come un plato entero de comida en la casa; mucho menos afuera. Lo que sí esperamos es que, si no hay una porción de papitas fritas en el menú, pero sí las sirven como acompañamiento, tengan la atención de servirnos algunas para que él pueda comer.  En algunos restaurantes hemos pedido una fruta cortada en cuadritos.
  4. Que el personal sea amable. Cuando tu hijo es pequeño, esto escala a otro nivel; la mitad de la comida probablemente quede en el suelo y los accidentes con el vaso de agua son inevitables. No nos gusta que nos miren feo por el reguero… es un niño y está aprendiendo.  ¿Cómo más va a aprender, si no es viendo a los adultos?

En pocas palabras, que traten al niño como el cliente e invitado que es.

Nos hemos dado cuenta que hasta en el restaurante menos preparado para un niño, podemos comer bien si cumplimos esos cuatro requisitos.  Hemos comido bien y en paz en restaurantitos de cinco mesas, sin jardín, sin silla de niños, a la orilla de la calle. El área de juegos es bienvenida, pero no necesaria. Además, en esta etapa siempre tiene que estar alguien cuidándolo mientras juega y eso significa que alguien sacrifica su experiencia en el restaurante para hacerlo y ese no es nuestro objetivo.  Entramos, comemos y luego, salimos a algún lugar donde los tres podamos jugar juntos.  Los tres comemos juntos y los tres jugamos juntos.  Todos salimos ganando.  

Les cuento mis dos mejores experiencias:

Pitaya Juice Bar

Un restaurante pequeño, saludable, donde toda la comida es fresca y hay muchos vegetales y frutas en el menú. Es de nuestros favoritos para un almuerzo de sábado.  En el momento en que nos vieron, nos pusieron la silla de niños (la verdad es que muchas veces no la usamos, pero agradecemos que nos den la opción).  Mientras nos tomaban la orden, una persona del equipo de servicio nos llevó un plato de frutas en cubos con una salsita de frutos rojos, para mi hijo, sin que siquiera lo pidiéramos. ¿Excelente detalle, o no?  Nos encanta la familiaridad con la que nos tratan siempre que vamos y el personal no tiene más que sonrisas para mi hijo.  

Luka

Dos palabras: Pork belly. Mientras mi esposo estaba de viaje, decidí ir a almorzar sola con mi bebé que no cumplía dos años aún.  Nuevamente, me ofrecen la silla de bebé sin que lo pida y me colocan crayoncitos para que él pueda entretenerse pintando en los individuales de papel.  El servicio es eficiente y, si algo se tarda más de lo normal, siempre avisan. Comienzo a ver que mi hijo ve hacia atrás mío, sonríe y sonríe.  Luego, son carcajadas.  Volteo a ver y uno de los cocineros le está haciendo micadas desde la cocina, que se encuentra a la vista del público (algo que a mí me encanta).  Al momento, llegan con una porción de papitas de camote y me indican que se lo envía el personal de cocina.  ¿Qué más se puede pedir? Además, el personal siempre es eficiente y amable, listo para hacernos sentir cómodos y bienvenidos.

En ambos lugares, todo el proceso de la toma de órdenes, tiempo de espera para que lleven la comida y el proceso de cobro, es eficiente y rápido. Cualquier inconveniente lo solucionan diligentemente y con buena disposición.

En mi opinión, el área de juegos, el menú de niños y el cambiador en el baño, son comodidades que se agradecen, pero no son necesarias si el servicio es excelente.  Y usando la misma lógica, de nada sirven esas comodidades si el servicio es pésimo.  Sabemos que si llevamos niños pequeños, una sobremesa de una hora no está en la carta, pero queremos que nuestra experiencia ahí sea tan o más agradable que si así fuera.  De esta forma, tanto ellos como nosotros nos disfrutamos el momento y llegará el día en que por fin podamos tener esa sobremesa de una hora y ellos sean parte de la misma.

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Escrito por:
Edith Paiz

Co-fundadora del blog de maternidad Ser Mamá en Guate. Chef de profesión, bloguera por convicción, esposa y mamá de un hijo humano y de una peluda de cuatro patas. Apasionada de la comida en todos sus estados, desde la siembra y cosecha de un tomate hasta la creación de platos complejos (y no tan complejos, la simplicidad es clave). Me emociona con la misma intensidad un buen pato confitado y un elote loco. El amor verdadero no se encuentra, se construye.

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