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Sopa de ajo

Sopa de ajo

Marta creó una versión gráfica de su texto, puedes descargarla aquí. 

ELLA LLEGA, OCUPA EL ESPACIO DEL PANADERO

Los días me despiertan a las 5:54 a.m. con el salto de Freya a la cama. Ella llega, ocupa el espacio del panadero que dejó enfriar su almohada desde las 4:30 a.m. A las 6 a.m. se enciende la radio y empieza el espectáculo de voces desiguales dando noticias de una actualidad que lleva 7 meses anunciando una nueva normalidad. Me desperezo junto a una perra que pierde casi más pelo que el amor que le doy

6:21 TENGO CLARO LO QUE QUIERO COCINAR

6:13 a.m. tomo la oficina y entretenimiento por las manos. Surfeo de Whatsapp a Instagram, salto a Twitter, paso por Facebook, escucho las noticias de fondo y las leo de cerca. Las ganas de orinar, mías y de ella, me obligan a dar un salto de la cama al trono. Trato de apurarme pero el video que mandó mi amigo merece los 5 minutos de marca asegurada en las nalgas. 6:21 a.m. tengo claro lo que quiero cocinar hoy. Me pongo la bata de todas las mañanas. Subo al nivel de cielo abierto. Ella me mira acurrucada, ojos satisfechos y dispuestos a brillar por razones distintas a la necesidad vital. Mientras ella juega yo vuelvo a las ideas con sabores de aquella sopa del vídeo despertador. Tengo la base y puedo hacer lo que quiera. Esa libertad me excita y me da susto. Los caminos son várices y dispongo únicamente de mi cocina de apartamento.

 

HAGO INVENTARIO DEL ALMACÉN CASERO

Una sopa de ajo suena básica, suena posible, suena deliciosa, suena bien. Fermento mezclas en mi mente. Hago inventario del almacén casero. Volvemos al apartamento. Ella toma agua, da un hociqueada a su comida y decide tomar el sol en el pequeño balcón que se volvió huerto de pandemia. Hago café, buen café. Lavo los restos de una cena compartida y copiosa de anoche. Parto una naranja, preparo mi litro y medio de agua con jengibre y espero el café. Las noticias siguen y hago selección informativa. Trump dio positivo de COVID-19. Ya no me hace efecto ese dato aunque no dejo de pensar que es una nueva mentira política. Mi café suena listo y espero un poco para que agarre la temperatura que me gusta.

LA COMPU ESTÁ EN POSICIÓN DE RECIBIRME

La compu está en posición de recibirme. Los mensajes suenan y me preparo para una ráfaga de emojis “buena onda” anticipando algunas metidas de pata. Sigo pensando en esa sopa. Siempre estoy pensando en comida, reflexiono. Tengo todo para hacerla. Tengo todo para sorprenderme.

 

JUGAMOS JUNTAS Y EL SOL PEGA MÁGICAMENTE

Termino (sin jamás terminar), los quehaceres administrativos y paso a los interminables quehaceres del menaje. Ella bota mucho pelo. Decido darle un baño. Jugamos juntas y el sol pega mágicamente para darle vueltas a esa humedad que nos acaricia en el trópico. Barro, sacudo, aspiro los pisos y toda superficie de este pequeño espacio que habitamos. Decido estirar mi mat. Escojo una rutina de yoga. La receta de sopa macera en cada respiración.

RECONOZCO EL ORIGEN QUE INSPIRÓ

Ese sudor que sala el cuerpo da permisos atrevidos y más sentido a esa sopa. La merezco, la haré mía, será única, reconozco el origen que inspiró la creatividad pero será mi creación. Tomo una ducha para estar segura de mis propias instrucciones mentales. Salgo del agua, unto mi piel de crema, me cubro el cuerpo sin cuidado de egos. A pocos metros de la ducha me encuentro en la cocina, agarro tabla y cuchillo afilado. Empiezo eso que me atormenta y emociona desde la salida del sol.

 

JULIANEO ESAS BELLEZAS

Dejo que Nils prepare un aperitivo inspirador. Tomo pan viejo de masa madre que guardaba sin conocer su devenir. Lo vuelvo trozos, les dibujos hilos de aceite de oliva y lo meto al horno, fuego medio, solo quiero dorarlo. Tomo las cabezas de ajo para volverlas dientes. Me toma mucho tiempo. Julianeo esas bellezas, protagonistas de mi plato.

El tiempo eterno que me ha tomado esto me recuerda los crotones en el horno. Casi los quemo. Los saco a tiempo, diremos eso.

¡JODER, ES UNA SOPA!

¡Joder, es una sopa! No tengo costumbre de cocinar potajes. De fondo sugerían un caldo de pollo. No tengo. Tengo hongos porcini secos. Cual té ponemos agua a hervir y agregamos estas bellezas a las burbujas bailando.

PODEMOS AGREGAR UN ANTOJO ANIMAL

Mientras ellos danzan, al lado, en otra hornilla, ponemos los ajos en aceite de oliva. Fuego medio, no queremos broceados incontrolables. Podemos agregar un antojo animal o proteínico. Yo tenía tocino en el refrigerador.

SI DE PICANTE SE TRATA YA TENGO EL INGREDIENTE

Quiero dar color, la receta sugiere paprika, yo tengo granos de achiote. Si de color se trata ya tengo el ingrediente. Quiero dar picante, la receta sugiere “cayenne”, yo tengo cobanero seco. Si de picante se trata ya tengo el ingrediente.

 

LES DEJO SACAR SU MAGIA

En un rincón del fuego que lleva 15 minutos presenciando el amor del ajo por el tocino, los dejo sacar su magia, sólo quedará su esencia. Agrego los crotones, agrego el caldo de porcini. Pruebo. Falta sal. Agrego sal. Y también pimienta. Espero. Agrego agua. Agrego sal. Meto cuchara. Pruebo. Agrego sal. Pruebo. Listo.

 

BUSCO VERDE, ENCUENTRO SAMAT

Me voy al huerto, al pequeño balcón pues. La receta sugiere perejil, si tengo, no lo usaré. Busco verde, encuentro samat (cilantro silvestre le dicen). Busco verde, encuentro cilantro.

MEZCLO. PRUEBO. PROVOCO. SIRVO.

Agrego verde a mi pócima. Mezclo. Pruebo. Provoco. Sirvo. Agrego parmesano. Agrego cobanero en polvo (bueno, picante). Decoro con verde para la foto. Para el sabor.

 

Este artículo es el ganador de la cuarta semana de nuestro taller de escritura gastronómica, Profundamente humano: el acto de comer. Si estás interesado en  formar parte del taller, LLENA NUESTRO FORMULARIO AQUÍ.

Escrito por:
Marta Méndez

Geógrafa y apasionada por el urbanismo. Junto a su esposo Nils, fundó L’Aperó y Miettes en 4 Grados Norte.

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