Día de mercado en Chichicastenango

Día de mercado en Chichicastenango

Los gemelos, el Pop Wuj y la pizza de Sak’por

Casualmente, antes de comenzar el viaje, escuché a tres chefs mencionar al Popol Vuh o Pop Wuj, como se le conoce en Quiché; como fuente de inspiración de su menú. Me llamó mucho la atención la existencia de ese vínculo entre la gastronomía contemporánea y el texto antiguo, que contiene la mitología e historia del pueblo k’iche’ hasta el primer encuentro con los españoles en el siglo XVI.

El Pop Wuj es sabiduría transmitida de generación en generación, principalmente, de forma oral. Las primeras versiones escritas fueron jeroglíficos. Entre 1,554 – 1,558, estos textos se tradujeron por primera vez a símbolos latinos, pero no conocemos los nombres de los autores debido a que lo escribieron de forma anónima, para protegerse, durante la adversidad de la persecución cristiana. Únicamente sabemos que se identificaron como «madres y padres de la palabra».

Estos textos anónimos fueron los que cayeron en manos del famoso fray Francisco Ximénez, quien posteriormente, escribió un manuscrito que, años después, es descubierto en la iglesia Santo Tomás en Chichicastenango. Pero, ¿qué pasó con los textos originales de los autores k’iche’s? Algunos cuentan que Ximénez los devolvió a las autoridades religiosas de Chichicastenango, quienes lo guardan, hasta el día de hoy, celosamente.

En Chichicastenango, nuestra misión estaba clara: descubrir la conexión entre el Pop Wuj y la gastronomía guatemalteca.

Llegamos un jueves, día de mercado, al hotel Maya Inn, donde ya nos esperaban Juan y Miguel León Cortez, dos sacerdotes mayas que ofrecieron ayudarnos con nuestra búsqueda. Irónicamente, Juan y Miguel son gemelos, como los héroes gemelos del Pop Wuj: Hunahpú e Ixbalanqué.

Nos sentamos a tomar un café y a conocernos en persona. Juan y Miguel iban acompañados de Isaac Ortega Gil -quién está en camino a convertirse en guía espiritual como ellos- y de Jeanette Macario, estudiante de gastronomía en el Intecap de Sololá.

Los gemelos junto a Isaac Ortega Gil.

Miguel y Juan nos propusieron comenzar por una ceremonia maya, para bendecir nuestro viaje culinario. Luego, nos ofrecieron ir a casa de su madre a documentar el proceso de elaboración del Sak’por (un recado ceremonial a base de maíz blanco). El plan nos pareció genial, nos levantamos de la mesa y ya íbamos de salida cuando, de pronto, aparece Jorge Tobar.

Jorge es un chef de Santa Cruz del Quiché. Se presenta con nosotros con una sonrisa amplia y sincera, y nos dice: “el chef Néstor (de Mercado 24) me pidió que los ayudara en su travesía y aquí estoy para acompañarlos. A las órdenes”. Néstor, aún no se nos había unido en el viaje, pero nos había enviado a Jorge. Así fue como partimos todos juntos directo hacia el mercado.

El mercado de Chichicastenango es mágico. Primero, pasamos al área donde venden las verduras. El espacio es hermoso, con murales en todas las paredes. Los gemelos nos cuentan que el arte en los muros es parte de un proyecto con el que ellos colaboraron. Allí compramos papas, zanahorias, cilantro, perulero, güicoyitos, chile pimiento, tomate, cebolla, cebollín, apio y pollo.

Murales del Mercado de Chichicastenango.

Luego pasamos al área del maíz, donde compramos sak’por o maíz blanco. Los gemelos me explican brevemente que el sak’por es un maíz especial. Compraron también harina de sak’por. “¿Y la harina para qué es?” les pregunté. Miguel me responde: “Es para espesar el recado del platillo que vas a probar en casa de nuestra madre, que se llama Sak’por, como el maíz… pero se puede hacer más cosas… por ejemplo, vino un amigo japonés hace poco de visita y a él se le ocurrió que hiciéramos pizza con harina de sak’por en nuestro horno de leña. Si quieren hacemos pizzas de sak’por en nuestra casa para almorzar, luego hacemos la ceremonia por la tarde y mañana vamos a casa de nuestra madre a hacer el plato”.

Así fue como terminamos en casa de los gemelos. Los dos chefs, Jeanette y Jorge se apoderaron de la cocina. La masa con harina de sak’por tenía un olor espectacular. En mi mente, mientras veía a Jeanette y Jorge amasar, intentaba descifrar qué hacía un japonés en Chichicastenango, haciendo pizza de sak’por con los gemelos…. Un mayor ejemplo de migraciones, imposible.

Los gemelos subieron al techo de la casa. Yo los seguí para hablar con ellos y preguntarles más sobre el Pop Wuj. Desde arriba se veía el colorido cementerio de Chichicastenango. Nos sentamos en el suelo a ver el paisaje. De pronto, Juan me comienza a contar: “¿Sabías que varios miembros de las cofradías dicen celosamente que tienen guardada la versión original del Pop Wuj y solo están esperando a que sea el tiempo adecuado para que se vuelva a abrir por completo al mundo?” “¿A qué te refieres, Juan? ¿Acaso hay más que aún no conocemos?”, le pregunté. “Cuando digo, por completo, no me refiero únicamente a la versión que ya tenemos… me refiero también a la versión que aún no ha sido revelada. La que habla de lo que viene, es decir, la evolución del hombre de maíz”.

Después de intentar absorber lo que me decían, les pregunté, “¿y por qué hombre de maíz? ¿qué significa ser un hombre de maíz?”

Después de pensar un poco, Miguel me contesta: “En la cosmovisión maya todo lo que forma parte de la vida es sagrado, especialmente la comida, que es la base de la vida en la tierra. Toda gran civilización alcanzó un grado elevado de desarrollo gracias a la domesticación de algún tipo de grano que le permitiera nutrirse y expandirse. Nosotros domesticamos el maíz. Eso nos aseguró el alimento, que nos permitió, no solo comer, sino también tener tiempo para refinar y cultivar nuestra sabiduría, a través de la cual descubrimos que todo está conectado. Descubrimos que todo es arriba en el cielo, como es abajo en la tierra”. Juan agregó, “¿sabías que nuestros ancestros ya sabían que había seres humanos de distintos colores? Lo sabían porque se decía que había tantos colores en humanos, como colores de maíz: blanco, amarillo, rojo y negro”.

Me sentía inquieta. Quería entender más, pero no sabía exactamente cómo preguntar. Juan se dio cuenta y sonrió cariñosamente, luego me dijo: “Lucía, si quieres saber más sobre el Pop Wuj, te doy una pista… no es un libro. Hay mucha gente que no sabe leer ni escribir, pero vive el Pop Wuj. El Pop Wuj somos nosotros, es nuestro pueblo y su significado es una metáfora para entender el origen, el propósito en la vida y nuestro destino. Olvida el libro. Observa los detalles en las cocinas de las personas que vas a visitar estos días. Allí encontrarás el Pop Wuj”.

Gracias, Juan, le dije. Tengo una pregunta más… En el Pop Wuj se menciona que hubo inmigraciones de Tulán. ¿Dónde queda Tulán? Miguel se ríe y me responde: “No lo vas a encontrar en ninguna parte y a la vez está en todos lados… ”

Estaba a punto de seguir explicando cuando, de pronto, Jeanette y Jorge nos llaman. Ya estaba lista la pizza de sak’por al horno de leña. Una delicia con tocino, tomate, ajo, champiñones, quesillo local, chiles pimientos y cebolla. Definitivamente, la harina de sak’por es algo que vale la pena explorar más en gastronomía contemporánea. En mi mente volaban imágenes de las infinitas posibilidades del sak’por: pizza de sak’por libre de gluten, pasta o gnocchi de sak’por… una salsa de iguashte espesada con sak’por para pescado… ¡Qué rico!

Pizza de Sak‘por.

Después de comer, Miguel le consultó al t’zité (oráculo maya) que cuál era el mejor lugar para hacer la ceremonia. El oráculo favoreció un sitio cerca del cementerio, inaugurado para el 13 Baktun. Estando allí comenzó a llover tan fuerte que, tanto Juan como Miguel, decidieron que lo mejor era movernos a un sitio vecino techado. Nos movimos y allí terminamos la ceremonia. Hubo un motivo por el cual el t’zité eligió un sitio del cual nos tuvimos que mover, pero eso, es parte de otra historia.

Sigue leyendo: El ritual del Sak’por de Chichicastenango.

Escrito por:
Miss Menú

Directora de producción y edición de contenido. Co-fundadora de Mister Menú. Co-capitana del barco pirata.

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