Hacienda Tijax

Hacienda Tijax

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Llegué Hacienda Tijax justo a tiempo para sumergirme en un concierto de pájaros, al atardecer. No pude evitar pensar lo mucho que habría disfrutado este lugar de niña. Puentes colgantes y muelles sumergidos en la selva. Ríos con peces y tortuguitas devoradoras de pan; las cabañas triangulares frente al agua que parecen salidas de un cuento.

Eugenio Gobatto, el dueño de Hacienda Tijax, quiso desarrollar un destino turístico responsable y sostenible. ‘‘Cuando llegué, todo era perfecto como estaba. Lo que quise hacer fue resaltar lo que ya existía y convivir en conjunto con el medio ambiente.’’

Eugenio Gobatto, el dueño de Hacienda Tijax

 

Salté a la piscina cuando los grillos comenzaban a cantarle a la noche. El sonido me recordaba lo lejos que estaba de casa. Al rato los gruñidos y berrinches nocturnos de mi panza me obligaron a salir de la piscina.

En el restaurante de Tijax, a la orilla del Río Dulce, me devoré una mojarra entera, frita a la perfección con abundante ajo y perejil. El pescado estaba tan fresco que parecía haber saltado directo del agua a la freidora. Este plato siempre se me antoja en climas calientes y me recuerda muchísimo a mi abuelo, que me enseñó a desafiar las espinas para aprovechar toda la carne blanca.

Antes del amanecer del día siguiente, me encontraba en un kayak en busca de monos aulladores. Mientras navegaba entre los canales de manglares y selva virgen me sentí observada. Desde las copas de los árboles, siete monos comenzaban su día estirándose igual que yo al salir de la cama.

Lo bueno del ejercicio mañanero es sentarse a desayunar con hambre. Le pedí al mesero la especialidad de la casa y él regresó con el maravilloso Omelette Tijax. Al cortarlo por la mitad, derramaba cantidades abundantes de queso suizo y hongos de verdad. Me encanta cuando un restaurante evita los terribles productos enlatados y hace el esfuerzo de servir hongos frescos; indudablemente enriquecen muchísimo la experiencia gastronómica de cualquier plato.

Una de las piscinas naturales de la finca Tijax

En lo que parecía un carrito de golf 4×4, Eugenio me llevó a dar un recorrido por la finca, la cual se puede describir como un parque de diversiones natural. Caminé por los senderos y altísimos puentes colgantes hasta una piscina natural repleta de pececitos. Algunas plantas tenían hojas del tamaño de mi carro y sentía que podía aparecer un dinosaurio en cualquier momento.  El tour culminó en una majestuosa torre de piedra, con una vista panorámica del lago de Izabal llamada El Mirador de los Shamanes. En épocas favorables, los shamanes aprovechan este punto místico para realizar sus ceremonias.

Escrito por:
Ana Cosenza

Conocida por sus viajes, videos y pasiones, reconocida por su altura y sus colochos. Cineasta profesional, escritora vocacional. Batió records al recorrer la Patagonia en una moto y el Ganges en un barco. Mantiene un hambre feroz por la vida y la buena comida.

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