fbpx

Fado, el visionario, el panadero y la busca de la felicidad

Fado, el visionario, el panadero y la busca de la felicidad

Fado nació en diciembre de 2015 en un local de 23 m2 en 4 Grados Norte. Su crecimiento y éxito fue rápido y pronto ocuparía un espacio que lo acercó a los pasantes y a los antojados de gluten con formas y colores variados.

Como cualquier panadería, aquí las actividades comienzan temprano. Las puertas y ventanas de esa casa blanca de esquina están abiertas y puedes ser espectador de las creaciones panaderas. Siempre con música alegre que anima a los madrugadores a bailar con su masa. Esa esquina huele a pan y desde muy temprano despierta la tripa.

Llegamos para charlar y conocer a los que están detrás de esa esquina famosa.  Rubén Maio  y Luis Pedro Grajeda  escogen una de las entradas de luz para compartirnos su historia.

Marta y Nils conociendo la historia detrás de Fado Bakery

¿Por qué pan? Rubén es portugués, recuerda de niño el pan desde la cocina con la abuela. Él cocinó desde muy pequeño, 10 años, pero siempre le quedó la “cosita” del pan y fue en Guatemala que se dio permiso a probar. Apenas hace tres años que comenzó con la experiencia Fado, “que no era nada”, dice y se ríe.

Volteamos a ver a Luis Pedro  y afirma “mi historia con el pan no tiene nada que ver con el pan. Yo paré acá por pura casualidad”. Él tiene otros negocios y se dedica a la venta de cosméticos y accesorios para damas. Es un negociante nato que decide trasladar ese saber de mercado al proyecto del pan conservando el concepto de trabajar artesanal y con productos locales. Para Luis Pedro, Fado fue esa alternativa que estaba buscando, dejar de perseguir estrategias para conseguir dinero y darle chance a nuevas ideas, a la creatividad, a buscar la felicidad. Y Fado se convierte en más que la búsqueda de la felicidad de dos emprendedores, se trata de algo más grande “dignificar la vida de los panaderos”.

Ambos concuerdan en que la visión de Fado es ser la panadería más feliz de Guatemala.

Con un poco de provocación pregunto cómo ven el concepto de “artesanal”. Con una risa casi irónica, Ruben afirma con total franqueza que desde el momento que utilizas una amasadora, pierdes un poco de la esencia de ese concepto. Y en este punto hacemos todos una reflexión muy interesante, esa búsqueda de lo artesanal no es cosa de unos pocos. Ruben con sus orígenes europeos y ganosos de buscar aquello que en su país ya es investigación real, ha hecho esfuerzos por buscar en Guatemala harina local. Y encontró algo que se acerca al producto deseado pero la accesibilidad a esa materia prima te arrebata la emoción. La apuesta de Fado es buscar ingredientes locales trabajados artesanalmente como las jaleas. El tema de las harinas es una verdadera frustración en esa búsqueda pero no impide la creatividad.

Los panes decoran Fado. En cada compartimiento, ordenados, esperan diversas opciones a ser probadas por los visitantes. Aunque la intención de Fado es siempre tener opciones distintas, dar paso a gustos diversos, la exigencia de muchos adictos les obliga a seguir produciendo su “caballito de batalla”. Yo confieso que no pasa mucho tiempo entre cada vez que me antojo uno de los famosos cheesecakes, mi favorito es el de piña. Y para los menos golosos, están  las opciones que te llevas a casa para combinar con un buen queso y vino, mi sugerencia es el pan de centeno o las combinaciones con tomate y ajo.

Después de la somatada profesional y cariñosa que Rubén le dio a su masa le pregunté: ¿Vos te consideras panadero? Ríe y responde: “yo soy cocinero, me faltan muchos años para ser panadero.” Con muchas risas compartidas, Rubén asegura que todavía está en el proceso de levantarse a las 3:30 a.m., de afinar la técnica de dobleces a su masa para lograr mejores alvéolos. Será (“en unos 10 años”, dice) un panadero formado por su motivación autodidacta.

Ahora toca preguntar por el secreto de su masa madre. ¿Qué ha sido lo más desafiante? Rubén saca una buena carcajada y dice: “¡Mantenerla viva!”. Recuerda una anécdota de los inicios de Fado cuando un aprendiz panadero mató a Tomasa, la masa madre de año y medio. En memoria a Tomasa, la masa madre actual de Fado porta ese mismo nombre. “Para alimentar a Tomasa en Guatemala no hay muchas alternativas – dice Rubén- no hay variedad de harinas.” Pero no cabe duda, ella se ve feliz.

El crecimiento de Fado fue bastante rápido, hoy tienen dos tiendas en la ciudad y aunque como en todo negocio hay momentos duros, pronto veremos una nueva cara del proyecto, una mezcla de pan y vino. Esperemos pacientes que esa idea tome vida y vayamos a probarlos.

Sigue leyendo: Miettes y el monstruo consentido

Escrito por:
Marta Méndez

Geógrafa y apasionada por el urbanismo. Junto a su esposo Nils, fundó L’Aperó y Miettes en 4 Grados Norte.

Ver otras publicaciones de Marta Méndez