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San Antonio Cuchicuchi

San Antonio Cuchicuchi

Panadería San Antonio Cuchicuchi, Antigua Guatemala. Una panadería con 75 años de experiencia y un horno de leña de la misma edad tienen sin duda mucho que decir acerca del pan.

Miércoles, nos despertamos antes del canto del gallo. Estamos en Antigua Guatemala, bajo la luz tímida de un sol que apenas despierta al Este. Llegamos a la tienda del pan, una fachada discreta que cumple con la norma del municipio. El olor a pan recién salido del horno te invita a pasar a aquel espacio que recuerda a la casa de los abuelos de todos. Fotografías de principios del siglo 20 decoran las paredes y el pan se luce en mostradores, mezcla de madera añeja y vidrio.

Impacientes, pedimos permiso para entrar del lado de la acción, no esperamos a María Teresa para introducirnos. Y con las manos en la masa nos cachó ella, descubriendo el secreto familiar.

Conocimos a su sobrino, Gandi, el nieto del famoso Cuchicuchi. Su estatura era perfecta para la entrada del horno y cuando abrió frente a nosotros esa puerta caliente, filas ordenadas de pan bronceado saludaron en silencio.

Gandi, el nieto del famoso Cuchicuchi

Escuchar a Gandi hablar del pan fue ser testigo nuevamente de la pasión que requiere esta noble actividad. Tener una receta no basta si no te sabes comunicar con tu masa. Toca adaptarse al calor, a la humedad, al frío, a la sequía, al estado de ánimo y eso hace que tener la libertad del uso de los ingredientes sea clave y haga la diferencia entre lo artesanal y lo industrializado.

Esta panadería es el vivo ejemplo de fidelidad a la esencia. Hace 75 años, el pan se hace con las manos, se alimenta de levadura criolla, la masa reposa en una artesa y se hornea en leña. Y esto no significa de ninguna manera que no se adapte a la demanda creciente, al capricho de panaderos con nuevas ideas, sus especialidades son casi patrimonio pero siempre hay espacio para más. Antigua Guatemala se cruza fácilmente en nuestro camino, no hay excusa, pasen a probar la mejor receta del pan de semita, un pan con personalidad, una dulzura ahumada y esa textura de pan combina con el café de la mañana y hasta con la cerveza oscura de la tarde.

María Teresa, ella es pieza clave en la conservación de la autenticidad de esa vieja historia. Asegura que mientras ella viva no cambiará los procesos y, aunque para responder al nuevo mercado ha tocado trabajar día y noche, la calidad, la frescura y el amor no se pierde: “todo negocio que lleva pasión, lleva triunfo”, dice.  

“En la huella de tu trabajo, perdurará tu recuerdo”.

Gandi toca su pan con ternura, su navaja corta la cresta de su masa levantada y la planta con delicadeza. Esta escena queda en mi memoria como prueba del amor que mueve a esa panadería.

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Escrito por:
Marta Méndez

Geógrafa y apasionada por el urbanismo. Junto a su esposo Nils, fundó L’Aperó y Miettes en 4 Grados Norte.

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