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La Casa de los Caldos y Doña Felisa

La Casa de los Caldos y Doña Felisa

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  • Km. 218 Ruta a Cobán Chamelco, San Juan Chamelco
  • 79500504
  • Todos los días de 12:00-19:00

Nuestra próxima visita nos lleva a un lugar mágico: San Juan Chamelco.

Este lugar es reconocido por los ancianos como “Chup Li Choch”, que su traducción es “El ombligo de la tierra”. Chamelco tiene una historia llena de relatos y estudios astrológicos, se cuenta que los primeros colonos eran originarios de las tierras de “Lem Hu”, que su significado es “Sombreado”, sus pobladores venían buscando refugio de una catástrofe natural.

Otro dato apasionante que encuentro en la historia de Chamelco, es que para los inicios de la época colonial esta región se le llamaba Tezulutlán, que quiere decir lugar de guerra, y esto por su resistencia a ser conquistados. Posteriormente lo fueron de manera pacífica por frailes dominicos, los que de igual manera forzaron a los pobladores a trabajos pesados, razón por la que muere el cacique de la Tezulutlán en las minas y, posteriormente, nombran a un joven el primer gobernador de Alta Verapaz, a quien llamaron Juan Matalbatz, quien ha sido el único en la historia de la colonia considerado Rey ante los Reyes de España.

Cito el párrafo anterior, pues al meditarlo deduzco que esa resistencia tenía un enorme sentido de resguardo a su identidad y pertenencia a sus raíces, a su origen, a su entorno sumamente valioso para ellos y, es cuando confirmo que lo que encontramos en la Casa de los Caldos, es resultado del legado que aún se resguarda y respira en este restaurante.

Al caminar de la entrada al comedor principal de la Casa de los Caldos, es contemplar un escenario donde se desarrolla la obra, donde todo cobra sentido. Es toda una atmósfera que su propietaria Felisa Emilia Coy Chú ha creado para sus comensales.

Costilla de cerdo ahumándose

No puedo evitar que fluyan los adjetivos y las palabras para describir la experiencia. Cuando ingresamos al salón principal nos recibe Felisa con un enorme canasto colmado de ingredientes donde las notas de aromas empiezan a fluir: cacao, vainilla, cardamomo, pepitoria, ajonjolí, café, clavo, samat, cebollín, chile cahabonero y en señal de cortesía, un manojo de nardos, los cuales me vuelan la tapa de los sentidos que tan solo empiezan a ser seducidos.

Cacao, vainilla, cardamomo, pepitoria, ajonjolí, café, clavo, samat, cebollín, chile cahabonero

Apenas pudimos cruzar palabras al inicio con Felisa y sus colaboradoras, y es cuando me dejo llevar por el lenguaje que sólo la cocina y los platillos puede provocar, un lenguaje que no necesita palabras sino emociones, y es así cómo, tal cual pasarela de platos, empiezan a llegar e inicia una fiesta organoléptica excitante tan sólo por lo visual al inicio.

Paula disfrutando de un tayuyo relleno de bledo

A la mesa van llegando tuyuyos camaguas rellenos de bledo y otros rellenos con piloy. Llegan también tamalitos siete camisas, tamalitos con hojas de t’ziton, acompañando una gloriosa salsa de che’pix con chile cahabonero y un picante verde. Al probar todo esto es tener un momento de regresión intenso que me lleva a la sensación de estar paladeando Alta Verapaz.

Pero lo anterior era tan solo para humedecerse los sentidos y el paladar. Empieza de nuevo la pasarela y va llegando a la mesa un exquisito caldo de chunto que parecía tener personalidad propia, pues al tomarlo directo de la taza llegaban a la boca las hierbas que crujían y así perfumaban cada sorbo, se los prometo, no exagero…

Caldo de chunto con costilla ahumada y cerveza Modelo

…luego sirven un lomo de res asado cocinado en salsa de chile –más conocido como Tazajo– y la intensidad de la experiencia aumenta con la llegada de un Yui (tiu) que sabía a gloria.

De pronto, arriban a la mesa unos rellenitos de plátano y frijol, una bebida de pinol, el cacao –considerado la bebida de los dioses– y el mejor atol shuco que he degustado en mi vida. En ese momento observamos uno de los dispensadores de miel que Felisa tiene colgando en el área verde y, nos visita un colibrí que sin duda nos llevaba un mensaje de felicidad, pues dentro de los mitos Mayas se cuenta que los colibríes llevan los pensamientos de los hombres buenos traducidos en mensajes de buenos deseos.

Atol shuco

En medio del disfrute de los platillos, platicábamos con Felisa y a mí me fluían las letras que escribía en mi cuaderno, que sin duda, también eran estimuladas por el intenso aroma que salía de los nardos frescos. Felisa nos presenta a su hija, Claudia López, y nos dice con todo orgullo: “ella es mi sucesora”.

Doña Felisa y su hija Claudia López

Algo que quiero resaltar es la personalidad de Felisa, una mujer empoderada de su restaurante, de sus recetas, de su diálogo, de su pasión, de su cocina –que por cierto es todo un centro productivo de elaboraciones ancestrales que al observar todo ese escenario–. Me inyecto de dosis de identidad y re-descubro las técnicas para cocinar y seguir entendiendo el origen y la evolución de nuestra gastronomía.

Felisa

Cuando parecía que el placer de degustar estaba saciado, llega corriendo una cocinera que colabora con Felisa y nos dice, “estaban olvidado probar el Asam”. ¡Imagínense, hongos Asam cocinados en un recado con carne de res y punta de güisquil! Es entonces cuando decido nombrar, con el perdón de algunos y el permiso de otros, mi experiencia en la casa de los caldos, como todo un orgasmo gastronómico.

Asam

“Una de las cosas que yo sueño, es que mi familia herede lo que yo he logrado aquí y sobre todo, que valoren y cuiden a mis clientes”. -Doña Felisa

 

SIGUIENTE: Olivia Coy Tot 

 

Escrito por:
Paula Enriquez Winter

Soy una amante de mi país, una soñadora que cree firmemente que es uno de los mejores del mundo. Creo fehacientemente en formar a mi hijo Paulo en libertad responsable, con amor al conocimiento, con la visión de ser un dador a su país. Hago de cada día un viaje, un rema traducido en alegría y agradecimiento por poder realizar mi pasión que nunca ha sido un trabajo… la cocina, la investigación y desarrollo de nuestra gastronomía local. Escribir es el ejercicio más liberador y edificador que encuentro y si es sobre gastronomía, la ganancia es permanente. Creo que empoderar a la mujer guatemalteca no es más un discurso o una utopía, es el camino. En fin, agradezco cada momento sin importar el color del mismo pues lo importante es vivirlo.

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