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Edición 3- NIXTAMAL

Edición 3- NIXTAMAL

Nuestra Edición #3 ya está disponible para leerla impresa y digital!

Para esta edición de Nixtamal, decidimos hacer un experimento: en lugar de documentar diversos platillos girando alrededor de una historia, decidimos que todas las historias giraran alrededor de un solo plato, y el plato elegido para esta digna misión es el mismo que en el 2007 fue declarado Patrimonio Cultural Intangible por el Ministerio de Cultura y Deportes junto al Pepián, el Jocón y los Plátanos en mole. 

El mismo que conocemos por “chile rojo” en q’eqchi, gracias a la confusión de un periodista que, después de asistir a uno de los famosos Paab’ancs que organizaba la nana Winter, escribió un artículo sobre el plato, sustituyendo su nombre original “caldo de chunto” por el nombre de uno de sus ingredientes principales, el chile rojo… o al menos así decía alguna de las historias que explican el origen de la confusión en el nombre.   

Sí, hablamos del famoso Kaq’ik. Ese caldo picante y rico en sabores ancestrales, emblemático por su uso ceremonial y festivo, elaborado siempre con chunto o chompipe local, morcilla de la misma sangre del chunto, hierbas nativas, carne ahumada de cerdo y por supuesto… chile rojo o cahabonero, sin el cual el Kaq’ik definitivamente no es Kaq’ik. 

Sí. Es ese mismo que vemos anunciado en todos los restaurantes de carretera desde que iniciamos a recorrer el bosque nuboso camino a Cobán e incluso más lejos, llegando hasta Cahabón. 

Exactamente. El mismo que por años han usado los cofrades en los Paab’ancs como símbolo de ofrenda a la vida y entrega a Dios. Porque, a pesar del simbolismo secreto que esconde el  sincretismo, la sabiduría ancestral de esta tierra concibe a Dios como uno y el mismo, sin importar la forma a través de la que se manifieste. 

Se cuenta que para estas ofrendas, se han llegado a sacrificar tantos chuntos, que su sangre corre hasta llegar a la calle. Tanto los sacrificios, como la cocinada maratónica, suceden entre el humo del copal pom. Olor a sagrado que viene de la resina del árbol de copal, nativo del área de Cahabón. Tan solo sentir ese aroma nos conecta con el misterio que hay en todo, con ese hilo invisible a través del cual, sin palabras, entendemos que todo está conectado. 

Yo no pude estar en la producción del Paab’anc, pero sí he estado en dos sacrificios de chuntos y en ambas experiencias presencié el gran misterio que por unos instantes me unió con el animal. Se dice que si el chunto siente la tristeza de alguien por su sacrificio, se aferra a su vida. Pequé de sentir, porque en ambos casos le costó morir. 

Todo esto es el Kaq’ik. Más que un plato, una ceremonia. Más que una ceremonia, un recordatorio que todo está vivo e interconectado. Más que solo recordar, es dar gracias. Gracias por la vida.

Y a propósito… ¿qué pasa con tantos caldos que se ofrendan en un Paab’anc? Pues se invita a todo el pueblo a comer para compartir esa ofrenda de agradecimiento y abundancia. ¿Será que por los Paab’ancs se dice que los cobaneros comen y se van? Nadie me lo confirmó, pero a mí me hace sentido. Imagino decenas de hambrientos pasando por su caldito, conscientes de que si no se van rápido al terminar de comer, ya no habrá lugar para las colas de hambrientos que le siguen detrás. 

Lee los contenidos de Nixtamal:

Paab’anc

Innovación (existe una cocina para pensar y otra que fue pensada)

La ruta del Kaq’ik

¿Chile cahabonero o cobanero?

Esperamos disfruten la lectura. ¡Buen provecho!

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Escrito por:
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