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Comer es…

Comer es…

 

Comer es llevar tus raíces en el pecho.

Cuando migramos llevamos nuestra comida y, como una reliquia, la guardamos y la atesoramos. La extrañamos cuando no la tenemos. Nos sentamos en familia y contamos historias alrededor de ella. Nos servimos y, mientras lo hacemos, levantamos la cara y vemos a quien nos acompaña en la mesa. En ese momento, todos somos iguales. Comemos del mismo pan, de la misma tortilla y de la misma historia. El mundo puede dar todos los giros posibles, pero nuestra comida seguirá siendo nuestra cultura.

 

Comer es nutrir más que el cuerpo.

Nos alimentamos, sí. Pero al mismo tiempo, vivimos miles de años de evolución, de cultura, de rituales y de historias. Alimentos que no tenemos necesidad de comer hoy en día, como quesos y jamones son nuestro máximo confort. Llevamos lo que crecimos comiendo en la sangre y lo llevaremos hasta el día de nuestra muerte. Las asperezas pueden pulirse con una buena comida y bebida para convertirse en un lindo diamante.

Wonton abierto de lengua y mostaza

 

Comer es encapsular un momento.

Muchas veces recordamos lo que estábamos comiendo cuando algo trascendental ocurrió en nuestra vida. Volver a sentir esos sabores nos transporta de inmediato a ese momento y los platillos se convierten en una postal del pasado, que despiertan recuerdos, sentimientos y nos hacen viajar hacia otros días. Hasta la peor pizza de bolsita puede guardar en recuerdos el equivalente a su peso en oro.

Shrimp and grits de maíz negro

Comer es escuchar una melodía re interpretada.

Antes de que pudiéramos grabar música, escuchar una canción era un acto que se realizaba en el momento y era tan efímero como las manos y la voz de su intérprete lo permitieran. Mientras no podamos grabar sabores, seguir una receta es lo mismo. Es interpretar la creación de alguien más y así como nunca te puedes bañar en el mismo río, nunca comerás el mismo plato.

 

Comer es conocer lo que desconocemos.

¿Cuánta comida e ingredientes de tierras ajenas hemos probado en nuestra vida? No podemos conocerlo todo, no podemos probarlo todo; pero tenemos el lujo de poder viajar con un platillo y aprender de culturas que no conoceríamos de cualquier otra manera. Un plato nuevo para nosotros con alguien que nos cuente su historia es una gran lección de geografía, ciencia y vida.

 

Pero comer no lo es todo.

Me casé y a pesar de ser uno de los días más importantes de mi vida, no recuerdo ni de lejos lo que comimos. De ser uno de los factores más importantes en mi vida diaria, la comida pasó a un enésimo plano frente al resto. A veces el momento supera cualquier comida y esta regresa a ser lo que realmente es para el ser humano: una fuente de energía y de sustento.

 

Este artículo  ganador de la semana de nuestro taller de escritura gastronómica, Profundamente humano: el acto de comer. Si estás interesado en  formar parte del taller, LLENA NUESTRO FORMULARIO AQUÍ.

Escrito por:
Peter Meng

Crecí en el mundo de restaurantes y he dedicado la mayor parte de mi vida a estudiar los alimentos, donde me apasioné por las técnicas antiguas de conservación. Hoy en día, soy charcutero para Sal.gt, manejo los restaurantes de El Chinito Veloz y comparto lo que he aprendido cuando me dan chance. MIs tiempos libres los dedico a la música con Remolacha Beets.

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