fbpx

Restaurantes irreverentes que lograron hacer de elementos simples, íconos gastronómicos

Restaurantes irreverentes que lograron hacer de elementos simples, íconos gastronómicos

Canción sugerida de fondo:

Sentada en una hamaca en El Paredón, reviso mis correos y encuentro un recordatorio… me toca escribir el primer artículo de opinión del año. Es algo nuevo, nunca lo hemos hecho, pero muchas cosas están cambiando, así que está bien… pero, ahora que nos damos una voz semanal, ¿qué decir?

Pensé en contarles algo de lo que nunca se habló… lo difícil que fue el año pasado para quienes nos dedicamos a documentar la gastronomía, pero no, este es un nuevo año. Aunque venga igual no somos los mismos. Aunque el 2021 tenga sus retos, es la ilusión de pensar que el año es una página en blanco lo que más mueve. Venga como venga el 2021, el regalo más grande fue haber aprendido que perder la estabilidad, que asumimos como algo permanente, realmente es la gran verdad de la vida y su bendita impermanencia, que paradójicamente trae vida… si lo sabemos aprovechar, nos pone de pie, nos despierta, nos vuelve creativos y nos regresa a la esencia. 

Y es que, los que estamos estamos por amor al arte y los que se están recuperando, lo están haciendo con la vista puesta en el futuro, confiando y siendo más creativos que nunca. Podría hablar de Rodrigo Aguilar de Kombu, que está por abrir un nuevo local de cocina “franco japonesa” en una  Antigua con pocos turistas extranjeros ó de Mattia Bellucci de Santo Spirito, que en enero emprende su nueva pizzería “Sale e Tabacchi” y La Santa de Santo, su  “chefs table” ó Deby y Diego, que fueron reconocidos en el listado “Espíritu de América Latina” de 50 Best. Incluso de Bonito Ramen, que tuvo tanto éxito con sus kits a domicilio durante el encierro que ya pasó de ser una “dark kitchen” a tener su propio local. Ejemplos como estos hay muchos y quisiera mencionarlos a todos, pero revisando las fotos que tengo en mi celular, me encuentro las de los últimos dos a los que fui a comer “Gula y Mercado 24”, así que me iré por allí. 

Gula y Mercado 24 comparten historia. En algún momento Juan Luis y Pablo fueron socios, crearon juntos M24 y aunque de eso ya haya pasado mucho tiempo, hay algo que los vincula, una esencia que comparten que hace que ambos lugares se sientan tan familiares como para ir a comer cualquier día, vestido de cualquier forma, sólo o acompañado, no importa, porque al final es como llegar a comer a la casa de tus cuates. Ambos tienen un toque de irreverencia, siempre hay buena música, un ambiente joven que atrae también a los “para siempre jóvenes” y gastronómicamente hablando, lograron hacer de un elemento común y corriente (para Pablo la tostada y para Juan Luis la burger) en íconos gastronómicos. 

Ese domingo queríamos brunch, el de Gula se veía fenomenal en fotos, así que fuimos. Caminando hacia Gula, pasamos frente a Mercado 24 y no pudimos seguir de largo sin parar a saludar. Pablo estaba sacando una nueva tostada de la que estaba muy orgulloso, “próbala antes del brunch” me dice y me la saca junto a una copa de vino blanco… uffff que mejor manera de comenzar un domingo. Cuando la veo, la reconozco. Esta tostada la he visto en Instagram. Estoy emocionada. Tiene róbalo, hígados de róbalo, chile guaque, chile chocolate y un tomate orgánico enorme de Trikkonel Farms. Una pieza muy bien lograda. Una sensibilidad sensorial y capacidad técnica suficiente cómo para tomar ingredientes inesperados y convertirlos en una delicia. En mi mente una mezcla perfecta entre la restricción que implica reducir el potencial de posibilidades infinitas a una tostada  y sobre ella el universo entero. Es cuando encuentras ese elemento único que te define, que logras, sobre él, hacer lo que sea. Lo otro que pienso es, a Mercado le cayó bien la pandemia. La restricción general provocada por el COVID les sacó la esencia. Le devolvió algo que había perdido en medio de la velocidad de otra era. Me alegro. Bendita sea la restricción de la pandemia y la restricción creativa del universo de posibilidades a una tostada, porque entonces ahora yo me la puedo gozar con este vino blanco. 

Seguimos hacia Gula. San Lucas fue mi hogar de pandemia. En San Lucas no hay buenas burgers. Llevaba mucho tiempo de no comer burgers incluso pre pandemia. Llevaba meses queriendo una de las de Gula, sin pajas. Cuando vi que el último fish and chips ya se lo habían pedido, hice lo que igual quería hacer… comerme mi burger.  Fue lo que recordaba pero mejor. Había varias nuevas opciones: pollo frito, pollo frito y kimchi, la clásica… yo me pedí la que extrañaba, la que lleva aguacate. Juan Luis es un excelente cocinero y sabe conceptualizar restaurantes. Estoy segura que sin pandemia ya habría 3 Gulas ó más por allí, sin embargo, también le cayó bien la pandemia, se siente en el menú y en su propuesta de brunch, que está espectacular. Yo no soy mucho de dulce, pero los panqueques de Gula, los más esponjosos que he visto, estaban deliciosos ¡y me los comí! El plato de fish and chips, del que logre probar una mordida, es uno de los “musts” de este festín dominical  y por supuesto, las burgers de siempre, especialmente la nueva “clásica”. Hay algo sobre el concepto de brunch que hace que uno quiera ir y no solo es la comida. También es el ambiente. Es sentarse afuera y disfrutar de la ciudad. Es la música. Las bebidas espirituosas sin las que el brunch no es brunch. Gula lo tiene todo. 

Venimos a estos dos lugares porque son más que restaurantes, son spots que nos hacen sentir en casa, entre amigos, donde podemos comer de forma relajada y cuando llegan los platos, tener el placer de comer algo que está bueno, que muchas veces te sorprende y que hace sentido. 

Regresando al carro, volvemos a pasar frente a M24, que tiene varias mesas con amigos conocidos. Ahora nos detenemos porque ¿cómo no?, después de tanto tiempo de encierro, no veíamos  todas estas caras queridas en meses. Llega una bandeja de tostadas de atún a la mesa de los amigos. Les tengo que tomar foto de lo lindas que se ven. De pronto pasa un viejito ofreciendo una canción a cambio de una propina. Cuenta que nunca aprendió a cantar de forma profesional. Solamente comenzó a hacerlo porque le encanta y a la gente le gustó. Entre volver a compartir con amigos la sobremesa y las canciones nostálgicas del señor, hay un momento emotivo en el que extraño esa alegría tan familiar en otra época. 

Que el nuevo tiempo nos regale más de esto. Feliz 2021.

“Que tus decisiones reflejen tus esperanzas, no tus miedos” – Nelson Mandela

Escrito por:
Miss Menú

Directora de producción y edición de contenido. Co-fundadora de Mister Menú. Co-capitana del barco pirata.

Ver otras publicaciones de Miss Menú