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Minerva

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Durante mi primera visita a Japón

En una noche del 2008, durante mi primera visita a Japón, me encontraba en un pequeño y cómodo bar en Tokio. Las luz era tenue, allí me tomaría una copa antes de ir a cenar. Me alegró ver que tenían ron Zacapa y decidí pedir uno, en las rocas. Al levantar el vaso para dar el primer trago, el hielo me pareció muy lindo. Un sólo trozo esférico, no era liso sino que tenía irregularidades como una piedra preciosa y su tamaño estaba hecho a la medida del recipiente. Tuve que comentar, “lindo hielo”. El barman respondió, “gracias, yo lo hice”. Bebí mi trago contento pero un poco confundido con su respuesta. 

Pocos días después fui a un bar de jazz en el barrio de Shinjuku, llamado Vagabond. La parte de arriba donde tocan jazz es casual y recia.  Abajo hay una barra más tranquila y formal. Me senté ahí y pedí un shochu, licor japonés algo parecido al vodka, en las rocas. El hielo era como el de ese otro bar que mencionaba. 

Mientras tomaba mi trago, vi que la bartender agarró un bloque de hielo rectangular, lo comenzó a cortar con un cincel produciendo cubos de hielo grandes perfectamente cuadrados. Después, agarró uno de esos cubos, y con un picahielo en su otra mano comenzó a darle una forma esférica. Fue como ver a alguien formar un diamante frente a uno. Y así continuó haciendo hielos esféricos, y guardándolos en su caja helada.

Unos años después

Unos años después, viviendo en Los Angeles, viví el surgimiento de la nueva ola de bares estilo “speakeasy”/”prohibición”, donde llaman mixólogos a sus bartenders. En las barras de aquellos lugares descansan lindos bodegones con frutas frescas  y cítricos, cuyos jugos y cáscaras se usarán de distintas formas para tragos modernos; tragos de autor, y clásicos como los Manhattans, los Old-Fashioned, o martinis secos con twists de limón amarillo (de cáscara gruesa). 

En los vistosos bodegones también se ven abundantes ramas de hierbas frescas, y frasquitos que contienen porciones de amargos hechos en casa, para mezclar, acentuar o dar fragancias a ciertas bebidas. Sus hielos no hechos a mano, pero sí especiales, cubos grandes hechos con cuidado, con agua muy pura que logra una transparencia linda y cristalina.

El boom de bares así trajo consigo el cierre de bares viejos, incluyendo varios “dive bars”. Los sitios que a pesar de verse descuidados, con olores rancios y señas de desgaste, son lugares con innegable personalidad y buen carácter, al igual que su clientela.

Uno de éstos dive-bars a los que yo iba en Downtown LA era el ahora difunto “Bar 107”. El lugar era oscuro y viejo, y ni se le ocurra a uno pedir aquí un martini; ahí pedía yo casi siempre vodka con mineral, o tequila, con “chaser” de cerveza barata. Servían al chilazo y en segundos tenía uno ya su trago en mano, fuerte y con numerosos hielos de máquina (Una vez vi a Quentin Tarantino entrar a tomar algo ahí).

Se vieron obligados a cerrar porque les subieron la renta. El dueño frustrado hizo una declaración en alguna publicación.  

“Lugares de mierda, con sus ridículos precios y sus aún más ridículos hielos”.

Aún simpatizo con ese mensaje, y aún me encanta frecuentar lugares así. Dive-bars, y bares que no son caros y donde sirven bien los tragos (aquí con “bien” quiero decir que son generosos y dan más de la onza, a veces el doble en cada trago). Aquí en Guatemala vienen a la mente el Portalito (donde si no pido una chibola de cerveza mixta, pido un trago de whisky con mineral, desarmado, y el whisky viene en su shot de buen tamaño), o El Shakespeare’s Pub en zona 10, posiblemente mi bar favorito de Guatemala.

Minerva

También visito de forma feliz los bares nuevos y especializados, donde se puede disfrutar de tragos nuevos y clásicos muy bien hechos. Son lugares con mucha atención a los detalles, incluyendo el ambiente, la decoración, los vasos, copas, utensilios, entre otros. Me vienen a la mente lugares como el Boom Boom Room en el High Line de Nueva York, ocupa un penúltimo piso de un alto edificio y tiene un lujo de vista; la decoración elegante lo envuelve, predomina el color amarillo que simula alguna época dorada. La vez que fui un trío de músicos tocaban música cubana  en vivo, los bartenders de impecables trajes blancos con delgadas corbatas negras atendían la barra. De Los Ángeles me viene a la mente el Bar Stella, elegante pero casual y tropical, una linda pintura de aves tropicales decora la pared sobre el bar. Sus tragos quizás mejores y sus precios tan elevados como los del Boom Boom de NY.

Anoche, aquí en la Ciudad de Guatemala, fui con una amiga a conocer un nuevo bar: Minerva (Plaza Tiffany 13 Calle A 07-19 z10). El lugar me trajo a la mente Bar Stella, más por su decoración, elegancia tropical, luz tenue, lindo menú, buenos cócteles y buena música. A diferencia de Stella que se pone bastante prendido, aquí el ambiente se siente un tanto más formal, es necesario hacer reservación y nos sentaron en lugares asignados. Se me hizo un lugar para ir a charlar, lo cual me parece bien, a veces uno querrá un plan así. 

Mi amiga pidió un trago moderno con rosa de Jamaica, lindo y muy rico. Yo me fui por tragos clásicos: comencé con un Negroni, seguido por un martini seco. El Negroni vino con un buen hielo cuadrado, y con delicioso aroma de cáscara de naranja recién cortada. Estábamos sin prisa y en un momento decidimos pedir algo para comer. Pedimos fish and chips, muy sabrosos, ya me hacía falta comer unos. La música sonaba a un agradable volumen. Pedí el último trago, un Manhattan, y el barman al igual que con los otros tragos se tomó el tiempo debido para prepararlo bien. Como los otros, el trago llegó lindo para la vista con una buena guinda “luxardo” y su profundo tono oscuro, detalle adecuado para terminar bien la noche.

Escrito por:
Jose Wolff

Ha trabajado en proyectos de televisión, video y artes visuales. Sus tiempos de ocio se los dedica a comer, probar restaurantes y bares nuevos. Actualmente vive en Guatemala después de vivir más de veinte fuera del país.

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