fbpx

¿Qué significa comer para mí?

¿Qué significa comer para mí?

Bienvenido a la mesa una vez más es lo que escucho decir al vacío sin voz cuando voy a sentarme a comer.

Comer tiene un antes, un durante y un después. Me quedo con el antes. La anticipación de la comida es un preámbulo, un coqueteo en el que la vida se me acerca en un juego de seducción.

Comer es una función fisiológica que una vez queda llena como necesidad es mi llegada a un lugar en el que estoy bien. Es primordial para la supervivencia y aunque “básico” no es el calificativo que más me gusta darle, no puedo escalar a otros motivadores en la pirámide de Maslow sin haberme alimentado. Reproducción, pertenencia, riqueza o reconocimiento no tienen sentido si mi salud y la continuidad de mi existencia no están garantizadas. ¿Quién quiere aplausos con hambre?

Comer me hace presentes todos los sentidos. Gusto y tacto son los líderes del acto de comer, pero la vista y el olfato son los jueces que dictan la sentencia de lo que puedo esperar o de si me lo como o no.

Las papilas gustativas disparan eventos de sinestesia que me meten en el túnel del tiempo y me llevan a épocas, lugares, a personas, climas y a colores y matices de algún momento de la vida en el que fui feliz. También existen los sabores de lo que no quise comer y que hizo que mi madre se quitara la chancleta como desenfunda un pistolero y me llevan a momentos menos felices pero que dan mucha risa.

Comer va más allá de sobrevivir. Comer me da un lenguaje corporal que dice lo que siento. Cuando mastico algo con sabores que aparecen sin orden pero con jerarquía y con texturas que el tacto percibe suaves, reprimo todo lo que puede ser precipitado y me invade la calma que me sosiega para que mis mandíbulas se muevan con cadencia y en mi gesto y en mis ojos se note la paz de quién sostiene a gusto la mirada con una mujer bonita.

También me gusta contemplar a los que comen porque en ello expresan lo que sienten. Comer lo dice casi todo de la gente, de su origen, de su educación y mucho de lo que podemos esperar de ellos. ¿Qué tal Julia Roberts y Richard Gere en Pretty Woman? Él dandi y ella zorra, sentados a la mesa en el Beverly Wilshire, para olvidar los pasados y vivir los presentes por que comer es un verbo que une. ¿Y que decir del personaje de Thomas Harris, Hanibal Lecter?, cuyos gestos y placer llevó a la pantalla Antony Hopkins cuando el asesino en serie degustaba de una cena servida con manjares corporales de sus víctimas asesinadas. Comer es expresión, digo yo sin duda alguna y sin matar a nadie.

También comer es más riqueza que tener comida porque comer atrae a los demás y me une otros seres humanos que tienen valor para mí. Una cena de navidad, un cumpleaños, una reunión de viernes por la tarde y ahí estoy con todos, los abuelos, los papás, los amigos, la mesa llena de chicos. Me senté a comer y me di cuenta de que soy rico y que no lo sabía.

Foto de Spencer Davis en Unsplash

Cuando estoy en la cocina y preparo la comida en compañía de otros, ahí están todos. Todos pican, todos prueban, todos hablamos y todos comemos, y es que comer, eleva el valor de la palabra “todos”. Pienso en el fuego. Comer es ver. La textura de lo que fue liso y rojo ahora se presenta en tonos marrones con algunos bordes negros porque se quemaron y sé que van a crujir cuando los muerda. Su temperatura al llevarlo a la boca nos recuerda brasas o una hornilla con su llama plena. El fuego se siente en la comida, ese elemento que algunos dicen que nos hace la raza superior.

Comer es curiosidad. Busco comidas diferentes. Pido referencias de lugares o restaurantes donde sirvan algo que sé que no me comeré en casa. Viene entonces un preámbulo feliz por comer sin haber comido, similar a la primera vez que una mujer te dice que sí. Me recreo en esta paradoja porque la anticipación y la expectativa de algo que espero que será bueno me hace sonreír tanto o más que si me lo estuviese comiendo.

La comida nos lleva sin querer a su lugar de origen, pues todo lo que comemos viene de algún país, de alguna región, pertenece a su gente y a su nación. Comer me lleva a esos orígenes de cada plato y en mi vuelo imaginario llego a sus cocinas y en mi paladar realizo una arqueología del sabor buscando uno por uno sus componentes y viendo al cocinero, autóctono y local, mezclarlo todo en un plato que forma parte de su orgullo.

La civilización se desarrolló alrededor de la comida y no el revés. La sociedad, las costumbres y nuestros patrones de comportamiento provienen de la necesidad de comer. De ahí mismo vienen nuestros placeres, porque no podríamos acceder a ellos sin haber comido. Comer me dice que soy inteligente porque las personas que me importan son lo mejor que tengo. Los momentos que considero mejores vienen de la congregación que se hace alrededor de la comida. Comer es tan humano como la vida misma. Me trae a la mesa a los que me importan y me deja convivir con ellos en el mayor placer que puedo tener y puedo ser muy necio e insistir en verlos y tenerlos cerca porque comer con ellos es mi capricho.

 

Este artículo es el ganador de la primera semana de nuestro taller de escritura gastronómica, El acto de comer. Si estás interesado en  formar parte de nuestro taller de gastronomía, llena nuestro formulario aquí.

 

Escrito por:
Gonzalo Fernandez

La desobediencia es la verdadera base de la libertad. Instagram: @haikuvidaychocolate . Gonzalo forma parte del taller de escritura y narrativa gastronómica, El acto de comer.

Ver otras publicaciones de Gonzalo Fernandez