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YI-HOU: la mejor olla caliente

YI-HOU: la mejor olla caliente

 Tengo la impresión que el Ta Pin Lu es un platillo menos socializado en Guatemala, pero que genera mucho interés y no es para menos. Se basa en una hornilla encendida al centro de la mesa, con una olla con sopa en constante ebullición. El fuego que mantiene la sopa a alta temperatura sirve de método de cocción para todos los ingredientes crudos que se sirven. De esta manera, los comensales se convierten en cocineros de su propio platillo que involucra una serie de vegetales y, sobre todo, que dispone una serie de carnes provenientes de todos los ecosistemas posibles: el mar, el cielo y la tierra. 

Algo que debe tomarse en consideración, es que se requieren de al menos 5 comensales para poder llevar a cabo de forma óptima este sistema de consumir alimentos, aunque de 8 a 12 personas es lo ideal, pues así se podrá ordenar suficiente variedad sin que se vuelva demasiada comida para cada uno. Como en nuestro caso asistimos más de 10 personas, naturalmente la comida no fue excesiva, sino más bien suficiente para obtener una experiencia completa e integral. 

En lo personal, me interesaba invitar a personas que trabajan en distintos lenguajes y en contextos múltiples, dado que este platillo en particular se necesita disfrutar con calma, motivando así la conversación. El Ta Pin Lu viene de una tradición antigua y por su origen e historia asiática no corresponde a la prisa cotidiana impuesta por Occidente, ni a la costumbre de comer la sopa como entrada, pues en este caso, se come al final. Los sabores se amalgaman gracias a todos los comensales cada vez que un alimento es cocinado en el caldo base, al centro de la mesa. Es entonces al finalizar, luego de haber comido la mayoría de carnes y vegetales, que el caldo se sirve. Este orden invertido de hacer las cosas lo recomendamos altamente. 

Carmen Lucía Alvarado, poeta y editora. 

De verdad uno no conoce la comida asiática profundamente. Lo que comemos que sí es la comida china cotidiana, no es que no sea auténtica, sino es apenas un pedacito y cuando ves lo profundo del asunto… comer pato, por ejemplo, que es algo inusual en nosotros es toda una experiencia”. 

El Ta Pin Lu te da la idea clara de que la gastronomía china realmente tiene mucha profundidad y sobre todo una profundidad que se ha logrado mantener a través de la comunidad. Es impresionante ver como una cultura existe de forma tan fuerte en un territorio lejano y con tanta profundidad”. 

Por supuesto hay que hablar de lo maravilloso de sentarte en una mesa redonda. Para mí, la mesa redonda es un símbolo más certero de comunidad que una mesa rectangular, porque te acerca; es como un abrazo que hace muy orgánica la forma de hablar con todos… y claro, hay un centro, la comida”. 

“Con la comida yo siempre digo lo que mi abuelito decía: Cuando uno está comiendo, tiene que pensar que está asistiendo a un acto de vida. Reconocer el camino de todos los alimentos para llegar a estar allí: cómo creció lo que nació de la tierra, cómo crecieron los animales, cómo es la historia de la gente que toca los alimentos, la historia de quién lo prepara, la historia de la cultura en la que se basa esa preparación y, si a eso le sumas estar reunido con personas al comer, pensar en ese momento como un momento de conexión. Creo que es muy valioso y todo esto lo recordé con mucha claridad mientras estábamos todos juntos participando en hacer esta sopa. No sé si siempre llegue a tener el mismo sabor, pero imagino que dependiendo de los invitados, siempre algo debe variar, sólo por la dinámica y por la cantidad de veces que se mete algo al agua caliente hace que nunca te vuelvas a tomar la misma sopa, y eso me encanta. Podemos repetir el ritual, sin comer nunca lo mismo. Especialmente en una mesa donde diez personas están participando de la elaboración de esta sopa”.

“El Ta Pin Lu me hizo pensar mucho en un ritual y sentí que estaba asistiendo a un ritual. Verlo en otra cultura, me hizo pensar mucho en la nuestra y sus rituales. Mi abuela pasaba los grandes peroles de caldo o estofado al centro de la mesa, para que todos nos sirviéramos de allí. Ahora todos pasamos con nuestro plato ya servido y siento que algo se fue allí. Ese sentido de ritual que tuvo esta comida, en realidad, la puede tener toda la comida. Yo si creo y me gusta estar cerca de una dinámica así porque creo que todo lo que tiene que ver con el alimento, con el cuerpo, con el alma, tiene que estar llevado hacia el ritual porque de alguna manera es sagrado. Es lo que nos mantiene vivos, es lo que nos une a la existencia y parece tan cotidiano, pero en realidad está sucediendo el milagro de la existencia y todo debe estar guiado al ritual”. 

Wicho Archila, fanático del buen comer.

“El Ta Pin Lu fue un excelente ejemplo de cómo la comida tiene el poder de unir. Observar cómo un grupo de desconocidos al inicio, terminó siendo un equipo por  la mecánica misma que tiene el Ta Pin Lu, que hace que se necesite comunicación y coordinación para poder degustar y compartir. También es un ejemplo de cómo la comida china y la abundancia son sinónimos, tener tantas opciones de posibles combinaciones para cocinar hizo que fuera un verdadero banquete”.

María Jacinta Xón, antropóloga y directora del proyecto culinario Tux. 

“De las cosas que más me sorprendieron y me hicieron saber que se trataba de una comida que se compartía en colectivo y que es, como tal, un ritual; fue cuando el mesero para iniciar dijo: ‘esta comida es para la gente que tiene tiempo para comer, no para quién está corriendo’. Entonces marca que estos rituales se dan en función del comer, del cómo comer, de con quiénes comemos. Hablamos, compartimos, charlamos, aprendemos mientras comemos, mientras compartimos la vida, que es a través de la comida; entonces creo que pensaba la comida china como una cuestión de abundancia y hasta empalagosa, etc. pero esto me cambió para verla como un momento de relacionarse a través del comer. Esa fue una cuestión que me impactó. Es una definición del tiempo de comer, para reproducir la vida”. 

Escrito por:
Esvin Alarcón Lam

Nació en Ciudad de Guatemala pero tiene ascendencia china. Estudió Artes Visuales en la ENAP (Escuela Nacional de Artes Plásticas) y en la Universidad Rafael Landívar. Ha expuesto su obra en Guatemala, Nueva York, São Paulo y más. Su obra pertenece a colecciones privadas y estuvo expuesta durante Zacapa Room Guatemala.

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