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Refacciones Doña Mela

Refacciones Doña Mela

Cuando uno desayuna temprano, o bien demasiado poco, en Guatemala se acostumbra refaccionar a media mañana y comerse “una tortilla con algo rico”. Doña Mela es el lugar que se viene a la mente cuando uno piensa en ese dicho, porque es el lugar idóneo para comer estos deliciosos refrigerios, típicos de la cocina guatemalteca. Entre sus treinta platillos se puede mencionar chicharrones, carnitas, picado de rábano, tiras de panza, guacamol, rellenitos, frijoles, revolcado, longanizas, chiles rellenos, tacos, plátanos fritos, dobladas de picado de carne, fajitas, tortas de papa y mole de plátano; suficientes opciones para que a uno se le haga agua la boca y se anime a quitarse las ganas.

Doña Mela arrancó su negocio cuando tenía apenas 10 años. Chiquilla emprendedora y animosa que era, se iba a una marranería cerca de su casa y ayudaba con el lavado de los trastos y trapos que se usaba en el trasiego diario de la carne de cerdo, para que al finalizar la venta la dueña la dejara quedarse con los tasajos sobrantes. La pequeña los llevaba a su casa, los freía, compraba tortillas y se iba al antiguo Mercado Central a vender tortillas con carne de cerdo frita.

Su negocio fue creciendo a base de perseverancia, trabajo y un sentido comercial fuera de lo común. Su hermana y sus hijas aún se levantan a las 3:30 todas las mañanas a preparar sus platillos, con tal de abrir sus puntos de venta en el mercado Central a las 8:30 a.m.

Todas las madrugadas preparan esos ricos antojos que sus clientes degustan durante la mañana y el mediodía. Refacciones Doña Mela no ofrece bancas a sus clientes, la gente come parada. Decía su dueña que si ponían bancas los clientes se iban a quedar sentados más tiempo del necesario, leyendo el periódico o conversando, cuando lo deseable era que comieran lo más rápido posible e hicieran espacio para los siguientes comensales. La misma forma de pensar aplica durante los partidos de fútbol, por ejemplo, para el Mundial. Doña Mela nunca quiso comprar un televisor, aunque muchos de sus vecinos tienen, ¡porque no quería que la gente comprara un agua gaseosa y se quedara viendo todo el partido! La política del establecimiento es que el cliente disfrute sus tentempiés de pie, sin que ello signifique desatención o trato brusco, sino al contrario, amabilidad y pronta atención.

La calidad culinaria de Doña Mela y su constancia en el servicio la han hecho una de las favoritas del Mercado Central. Cuando Mr. Menú visitó el local, todo el tiempo hubo gente ordenando, comiendo, dando las gracias y despidiéndose con un “hasta mañana”. Esta prosperidad ha hecho posible que abran una sucursal a la vuelta, donde atienden a los clientes con su misma calidad y esmero. También, compartiendo el espíritu emprendedor y la iniciativa de su abuela, su nieta Carmen -hija de la hija del mismo nombre-, que estudió gastronomía en una universidad local y ahora está trabajando como chef en España, después de sacar un curso gastronómico allí también.

Longaniza con salsa de tiras, longaniza con salsa roja, chile relleno con salsa de tiras y chile relleno con salsa roja fueron algunos de los platillos que degustamos, acompañados de Cerveza Modelo. Estaban deliciosos. Y más ricos aún, después de conocer la historia de este local y sentirse parte de su tradición. Un verdadero ejemplo de emprendeduría popular guatemalteca, premiado con la preferencia de su nutrida clientela para su cotidiano deleite.

Escrito por:
Eduardo Villagrán

Escritor con una larga trayectoria. Además, colabora como columnista en medios impresos y ha ganado premios entre ellos: los Juegos Florales Centroamericanos. Ha realizado guiones cinematográficos y ha escrito varias novelas. Tiene una ferviente pasión por la gastronomía local e internacional.

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